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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

jueves, 18 de abril de 2013

Tropezar de nuevo con la misma piedra


El gobierno volverá a colocar otra “Primera Piedra” para un gasoducto en el sur. La anterior la puso el presidente Ollanta Humala hace un año, cuando lanzó el proyecto Kuntur en Quillabamba. Ahora ProInversión pretende que el mandatario reincida con el anunciado Gasoducto del Sur Peruano (GSP), pero en julio de 2016

La anunciado Gasoducto del Sur Peruano (GSP) de 1,050 kilómetros que llevará gas natural de las Malvinas (Cusco) hasta Ilo (Moquegua) - pasando por Quillabamba y Anta – ha generado un gran debate debido a su costo. De una cifra inicial de US$1,800 millones saltó a US$2,893 millones, que serán financiados con un aumento del 10% a los recibos de luz que pagaremos todos los peruanos. El viceministro de Energía, Edwin Quintanilla, ha explicado que este súbito incremento se debe a que además del gasoducto, se construirá un poliducto paralelo.

El presidente Ollanta Humala tal vez sueñe con inaugurar esta obra en marzo del 2016, porque el titular del Ministerio de Energía y Minas (MEM), Jorge Merino, declaró que la meta “es hacerlo en tres años, un año para contar con los permisos respectivos y dos años para la construcción”. Sin embargo, en el mejor de los casos, -como se verá más adelante-, para ese año sólo podrá volver a colocar una nueva primera piedra, tal como lo hizo en Quillabamba hace un año cuando dijo que lo que se estaba haciendo “es el inicio del gasoducto de más de mil kilómetros de distancia”, refiriéndose al gasoducto de la empresa Kuntur.

¿Por qué es difícil que llegue a tiempo, es decir, a 2016?

En primer lugar, en un proceso de licitación internacional, así se lleve a la velocidad de la luz, requiere de un proceso que tarda, en el mejor de los casos, 12 meses. Luego, el ganador de la buena pro necesitará dos años más, por lo menos, para elaborar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y, paralelamente, gestionar el requisito de la Consulta Previa. Según el director regional de Techint (la constructora del Gasoducto Central), el argentino Pablo Videla, “hoy, un EIA en el Perú se tiene que pensar que tomará un mínimo de 18 meses para su aprobación”.

Pero ahí no acaban los trámites. Con la buena pro y el EIA en la mano, el postor ganador necesitaría de seis meses adicionales para ‘levantar’ los fondos necesarios en el mercado de capitales que le permitan iniciar las obras. Dicho de otra manera, a partir de la convocatoria, que podría darse al final del primer semestre de este año –porque aún falta expedir el reglamento de la Ley N° 29970 y seleccionar el banco de inversión-  se debe esperar un plazo de tres años para empezar la construcción del proyecto. Es decir, a Humala sólo le quedará como premio consuelo colocar una nueva “primera piedra” (con placa recordatoria de por medio) justo en las postrimerías de su mandato.

Para llevar adelante el proceso, el Gobierno ha nombrado una Comisión en ProInversión presidida por Guillermo Lecarnaqué, relacionado al ministro Merino, y otros dos integrantes, Rosa María Ortiz y Gustavo Navarro, muy cercanos al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF).

LA PROMESA DE ANTA. Hace algunos días, ProInversión circuló una nota de prensa indicando que en el segundo trimestre se daría la convocatoria y que en el tercer trimestre, se adjudicaría la buena pro. Esto no es factible. Suena como la promesa del titular del Ministerio de Energía y Minas (MEM), Jorge Merino, en Anta (el pasado 10 de enero), cuando al lado del mandatario se comprometió con los cusqueños: “antes de las próximas dos semanas haremos la convocatoria a través de ProInversión”. Llegó el 24 de enero, pasó y hasta ahora, nada.

En una licitación internacional, sin sobresaltos ni impugnaciones, ProInversión tarda no menos de cuatro meses para otorgar la buena pro. En este plazo, se incluye, un mes de la convocatoria y venta de bases, otros dos meses para el período de consultas de los postores y respuestas, otro mes para consolidar las respuestas en las bases.

Sin embargo, en una licitación normal, para la ejecución de un proyecto cuenta con estudios preliminares, que incluyen ruta definitiva, planos, memoria descriptiva, análisis de costos unitarios y presupuesto, pero en el caso del GSP no existe nada de esto. Como no hay una ruta definida con estudios serios, los postores interesados en esta obra, necesitarán de invertir unos tres millones de dólares para realizar los estudios y planos, y contar con otros seis meses adicionales para trazar un bosquejo de la ruta y contar con un presupuesto aproximado, para lo cual tendrían que enviar ingenieros y topógrafos a la zona.

Es decir, a ritmo de campeonato, ProInversión, debería tardar no menos de diez meses para conocer a los ganadores de esta licitación, quienes según la costumbre, requieren de otros dos meses para estar listos para firmar el contrato. En este plazo de 60 días, las empresas constituyen una sucursal en Perú, acreditan apoderados generales, etc.

EL PROBLEMA DE LOS CINCO TRAMOS. El proyecto inicial de ProInversión señala que el gasoducto tendrá un recorrido mínimo de 1,050 kilómetros, lo que comprende dos ramales: uno de redundancia y otro hacia la costa. La función del primero, que va  entre las Malvinas (kilometro 0) y Chiquintirca (km 207), es la de brindar seguridad energética, sirviendo como alternativa en caso de accidente del primer tramo del Gasoducto del Centro.

Para este ramal se han definido dos tramos: el I, que unirá Malvinas con Chimparina (km 82), y el II, entre Kepashiato (km 127) con Chiquintirca. Ambos tramos tendrán un ducto de diámetro de 32 pulgadas (81 centímetros).

Como se puede apreciar, hay un vacío de 45 kilómetros entre Chimparina y Kepashiato, cuya construcción está a cargo del operador del Gasoducto del Centro, la empresa Transportadora del Gas del Perú (TGP). El problema es que el contratista sueco de este tramo, Skanska, se ha corrido de la zona a raíz del secuestro de sus trabajadores por el ‘camarada Gabriel’ (en abril del 2012). Sin embargo, el viceministro Quintanilla acaba de asegurar que llueve o truene se reiniciará la construcción en mayo. No obstante, TGP enfrenta conflictos con las comunidades de Ayacucho por el derecho de servidumbre (de paso) y por si fuera poco, el Frente de Desarrollo Comunal (Fredcom) ha convocado a un paro regional el próximo 20 de marzo, lo que retrasaría aún más la construcción de este ducto.

El segundo ramal irá hacia la costa y su recorrido parte desde la localidad de Kepashiato (Cusco), uniendo el ducto de redundancia con Ilo, pasado por Quillabamba y Anta. ProInversión ha diseñado la construcción en tres tramos: el tramo III partirá desde Kepashiato y bajará hasta Quillabamba en un recorrido de 70 km, mediante un gasoducto de 32 pulgadas. Este ducto alimentará un proyecto de central térmica de Electroperú de 200 megavatios (MW).

El tramo IV unirá Quillabamba con Anta a través de 100 km con un gasoducto más delgado, de 24 pulgadas. Ello responde a una demanda del Gobierno regional, porque de acuerdo al mapa, atraviesa la zona de amortiguamiento de las ruinas de Choquequirao y Macchu Picchu. Una misión casi imposible.

El tramo V va desde Anta hasta Ilo, mediante un gasoducto de 24 pulgadas con una longitud calculada de 730 kilómetros. En Ilo se prevé instalar un llamado Nodo Energético, que no es otra cosa que centrales térmicas con una potencia en conjunto de 2,000 MW. También se instalará en este puerto sureño un Polo Petroquímico para fabricar fertilizantes, explosivos y plásticos. El interesado más constante en este esfuerzo, es la empresa brasileña Braskem.

Se conoce que hasta hoy han pasado por las oficinas del MEM y ProInversión, para empaparse del GSP, las empresas Sempra Energy (accionista mayoritario de Luz del Sur), Empresa Eléctrica de Bogotá y Promigas (ambas accionistas de Cálidda), y las empresas brasileñas Andrade Gutierrez y Kuntur (Odebrecht). En conclusión, licitándose a la velocidad del jamaiquino Ussain Bolt, el actual Gobierno podrá firmar el contrato con los postores ganadores en julio del próximo año (2014) y, a duras penas, estará en condiciones de colocar la primera piedra en julio del 2016. La inauguración sería en 2020. Fecha tan incierta como las Olimpiadas de ese mismo año, que aún no cuentan con sede.



LA RUTA POR MACCHU PICCHU

Una prueba de la improvisación y el apuro con que se viene manejando el proyecto se nota en la ruta sugerida para el GSP. En el bosquejo inicial se incluye un trazo que, al parecer se ha hecho tan sólo con una regla en un mapa por alguna persona que no conoce la zona y que se ha limitado a unir, como Euclides, el camino más cercano, desde Kepashiato hasta Quillabamba, para luego trazar una línea casi recta hasta Anta y continuar hacia Ilo (Moquegua).

Quien realizó este trazo, al parecer, ignora que entre Quillabamba y Anta se encuentran el santuario histórico de Macchu Picchu y el área protegida de Choquequirao, ambas zonas intangibles y en donde será imposible construir. Cabe señalar que el proyecto de Kuntur si tenía en cuenta este aspecto geográfico y para evitar afectar estas zonas se desvía hacia el este, superando así cualquier eventual conflicto.

Publicado originalmente en la revista Correo Semanal el 21 de febrero del 2013

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