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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

domingo, 25 de agosto de 2013

La batalla de Zepita

Hace 190 años se realizó la batalla de Zepita, una de las primeras victorias peruanas en la Guerra de la Independencia.

La batalla de Zepita fue una acción bélica de corta magnitud pero la principal en la llamada Segunda Campaña a Intermedios (mayo-octubre 1823).

El cuerpo del ejército peruano estaba al mando del general Andrés de Santa Cruz y Calahumana, argentino de nacimiento (nació en La Paz en 1792, cuando esta ciudad pertenecía al virreinato del Río de La Plata. Bolivia existió a partir de 1826) y quien como jefe de estado mayor del ejército del centro, realizó el golpe de Estado que llevó al poder al coronel José de la Riva Agüero y Sánchez Boquete (28/02/1823). Tras esto, Santa Cruz fue ascendido a general de brigada y General en Jefe del Ejército Peruano que organizó Riva Agüero, fusionando al Ejército del Centro con el Ejército Libertador argentino-chileno.


Cuadro del Museo Nacional de Historia


Santa Cruz arribó con un cuerpo del ejército peruano a la ciudad de La Paz el 8 de agosto, mientras otro cuerpo, al mando del general Agustín Gamarra -pero también bajo órdenes de Santa Cruz- estaba camino a Oruro, cuando recibieron noticias de que el ejército realista iba por ellos. En esta parte de la campaña, Santa Cruz esperaba refuerzos de una división desde Chile, que llegaría por mar; el arribo de una división del ejército colombiano, y también una cooperación de las fuerzas argentinas que estaban en Salta y Tucuman. La división colombiano-chilena -3,000 hombres al mando del general Antonio José de Sucre- ocuparon Arequipa el 26 de agosto pero nunca se obtuvo la coordinación con el ejército de Santa Cruz y menos la cooperación de las tropas argentinas.

El grueso de las fuerzas realistas estaba en el ejército del norte -9,000 hombres- al mando del general Canterac, que ocupó Lima entre el 18 de junio y el 16 de julio de 1823. De este ejército, el 1° de julio partió por tierra una división de 2 mil hombres, al mando del general Gerónimo Valdez, con el objetivo de reforzar las fuerzas del virrey José de La Serna -tenía bajo sus órdenes directas 400 hombres en el Cusco, además de 2,000 en Arequipa al mando del brigadier Carratalá y 2,500 en el Alto Perú al mando del general Olañeta- y batir al ejército peruano en el sur.

La división de Valdez llegó a Andahuaylas el 28 de julio. Valdez se adelantó a Sicuani el 2 de agosto para conferenciar con el virrey La Serna, quien ya se había movilizado a ese pueblo, mientras su división avanzaba hacia el sur en escalones.

La Serna había organizado unas tropas que puso al mando de Valdez y debía reunirse con fuerzas que el brigadier Carratalá llevaba desde Arequipa. Su objetivo era atraer a Santa Cruz para evitar que se dirija al sur y venza a las fuerzas realistas de Olañeta, además que ganaban tiempo para organizarse mejor y atacar a los patriotas más adelante.

Valdez llegó a Puno el 16 de agosto con 900 hombres, compuestas por un batallón, un escuadrón de caballería y dos piezas de artillería. El 22 se unió con las fuerzas que traía Carratalá, unos 1,000 hombres -un batallón y dos escuadrones- en Pomata, con las que emprendió camino al río Desaguadero.

Fuerzas combatientes y el campo de batalla

Las tropas patriotas tenían, según escribió el coronel Federico de Brandsen, presente  en la batalla,(1) la siguiente composición:

Batallones: 1° de la Legión peruana (350 hombres), Cazadores (350 hombres), Vencedor (300 hombres), Número 4 (150 hombres) y los escuadrones 2 y 3 del regimiento de caballería Húzares (200 jinetes), además de 2 piezas de artillería de montaña.

El 18 de agosto, llegaron las noticias a La Paz de que las fuerzas realistas había ocupado Puno dos días antes. Santa Cruz ordenó que sus fuerzas acampadas en Pomata se retiraran, mientras el ejército de su ejército avanzaba desde Viacha al Desaguadero. Aquí comienzan las contradicciones entre uno y otro bando.

El 23 de agosto a las 3 pm, ocurrió un tiroteo entre las fuerzas patriotas y las realistas en el puente del Inca, resultando un patriota herido y tres realistas muertos, según el parte oficial de Santa Cruz. Según el relato de Valdez, encontró el puente cortado y defendido por 4 piezas de artillería, por lo que se retiró a Zepita.

Según William Miller, militar británico que luchó por la independencia de Perú, las fuerzas realistas al mando de Valdez constaban de los batallones Victoria, Partidarios y el 1er batallón del 1er Regimiento, un destacamento de 700 jinetes y 4 piezas de artillería de campaña, fuerzas que se estimaban en 1,800 hombres, mientras las fuerzas de Santa Cruz fueron estimadas en 1,600 hombres por Miller.(2)

De acuerdo a Valdez, sus fuerzas eran los batallones Victoria, Cazadores, el 1er batallón del 1er Regimiento, tres escuadrones de caballería y 4 piezas de artillería.(3)

Imagen del libro La batalla de Zepita de Manuel C. Bonilla

La batalla y anécdotas

Zepita es un pueblo junto al lago Titicaca y los realistas ocuparon unas alturas conocida como Chua Chua o Chuachuani, a 10 kilómetros al noroeste de Zepita. De acuerdo a Valdez, sobre esta loma: “La extensión de su frente muy proporcionada al número de tropas de mi mando, la constituia en el grado de una posición brillante. Hacía ya más de dos años que me había llamado la atención, aunque estaba lejos entonces de pensar que me serviría algún día”.(4)

Valdez formó sus fuerzas con una primera línea conformada por los batallones Cazadores y Victoria, y en medio de ellos la artillería. La caballería estaba en una hondonada al sureste y en la retaguardia, el 1er batallón del 1er Regimiento.

Santa Cruz formó una primera línea con los batallones Legión, Número 4 y Cazadores, con la artillería en medio de ellos, la caballería en los extremos y el batallón Vencedor al centro, en la retaguardia.

El ataque de Santa Cruz se inició en la tarde y la noche dio fin al combate. Las fuerzas de Valdez se retiraron a Pomata y las de Santa Cruz a La Paz. Ambos se adjudicaron la victoria, aunque Valdez nunca mencionó sus bajas.

Una versión anónima española señala que “si no fue alli la total destrucción de Santacruz, lo debió a la oscuridad y la nevada incesante de toda la noche, pues cuando empezó esta estaba destruido en todas direcciones”.(5) Para Miller, fue un combate indeciso.(6)

El jefe del batallón Legión peruana, el coronel Blas Cerdeña, natural de las Islas Canarias, cayó herido y fue hecho prisionero por los realistas. Después de seis meses fue canjeado y se reintegró a las filas patriotas.(7)

Al batallón Número 4 se le bautizó como Zepita N° 4. Desde entonces, un batallón del ejército peruano lleva el nombre de Zepita.

En Perú se consideró una victoria desde el primer momento, lo cual fue bastante explotado porque en ese entonces, el ejército realista parecía casi invencible.

Santa Cruz tuvo una carrera política exitosa después de ese triunfo. Se le dio el título de Mariscal de Zepita en 1825 y fue luego presidente de Perú (1826-1827), Bolivia (1829-1838) y protector de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839).

Felipe Santiago Salaverry combatió con el grado de teniente 2° en el batallón Legión peruana. Años después, Salaverry fue presidente de Perú (1835-1836) y como tal, fue fusilado por órdenes de Santa Cruz (18/02/1836).


Parte oficial de Andrés de Santa Cruz

Cuartel General, en el Desaguadero, Agosto 26 de 1823

Señor Ministro

Desde Viacha instruí a US. del estado de mi campaña, con fecha 18 y en los ocho días que han corrido, tengo la satisfacción de decir a US. que sucesos muy importantes han adelantado mis ventajas. Por el sur, el general Gamarra con el segundo cuerpo de ejército reforzado por el primer escuadrón Húzares, y una columna ligera de 300 soldados escojidos del primer cuerpo a las órdenes del coronel Vargas, tomó el reducto de Oruro y su población  que vergonzosamente abandonó el general Olañeta sin un tiro de fusil. Veinte y dos piezas de diferentes calibres, y muchos útiles de parque quedaron en nuestro poder; y un considerable número de pasados nacen cierta su disolución en la retirada que continúan sobre Potosí. El coronel Lanza marchó el 21 a Cochabamba que, por repliegue general ordenada de las guarniciones españolas aquella villa, ha quedado abandonada. Me prometo mucho de la actividad y buena disposición de aquellos jefes y la decisión  de los pueblos, que ya logran ponerse bajo la protección del ejército libertador.

Por el norte he logrado una victoria en el día de ayer en los campos de Zepita entre un cuerpo de 1,800 hombres mandados por el general Valdez. El orgullo de este general, y las circunstancias de haber convertido la cuna de los ejércitos españoles en su sepulcro hacen de alguna más importancia un suceso que prepara el que ha de decidir de la suerte del Perú. Detallaré a US. sus pormenores para que los ponga en el conocimiento de S.E. y sirvan de satisfacción a los que siguen con interés nuestros pasos.

Avisado el cuartel general de Viacha, por los partes del coronel Cerdeña situado en Pomata, de haber llegado a Puno el general Valdez con 1,800 hombres, le ordené replegarse al Desaguadero donde yo me encaminé luego, haciéndose seguir por lo batallones de Cazadores del Ejército, del de Vencedores en Pichincha, y de un escuadrón de Húzares de la Guardia. El 23 al llegar al puente me informé que el mismo Valdez venía marchando hacia él con toda su columna. Como no me habían llegado aún los cuerpos que me seguían, lo esperé sólo a la defensiva, a las tres de la tarde, en que se me presentó: empezó el tiroteo que, en tres horas no pasó de un cambio de balas, cuyo resultado fue un herido de mi parte, y tres muertos que dejó el enemigo al retirarse después al anochecer.

El 24 se me reunieron los cuerpos que aguardaba; y el 25, con una columna de 1,300 hombres compuesta parte de cada uno de los batallones Cazadores, Vencedores, Legión y Núm. 4; y de los escuadrones 2° y 3° de Húzares y de una brigada de dos piezas de montaña, marché al enemigo que creí me aguardase con decisión en el pueblo de Zepita que ocupaba, dejando el puente asegurado por dos piezas de artillería, y dos compañías de cada batallón.

Mi vanguardia compuesta del batallón de cazadores, y el segundo escuadrón Húzares a las órdenes del señor coronel Brandsen, alcanzó a ver al enemigo a las dos horas de marcha; y como un aviso equivocado me hubiese hecho creer necesario marchar por otra dirección con restos de la columna, reforzado de la vanguardia, con las dos piezas y el tercer escuadrón de húzares, y las compañías del 4, fué consiguiente alguna demora de que se aprovechó el enemigo para retirarse; a pesar de que contaba con un tercio más de fuerza: desde las inmediaciones del pueblo cruzaron las guerrillas sus fuegos, y el resto de la columna siguió a paso doble para obligar a un combate que deseaba. El enemigo creyó poder aceptarlo confiando más que con su mayor número con las muy fuertes posiciones que alcanzó a ocupar en los altos de Chuachuani. Sin embargo, demasiado convencido yo del ardor y entusiasmo de los soldados de la libertad no dudé atacarlo. Mi línea situada sobre un llano, era formada por el batallón de la Legión a la derecha; del 4 al centro, el de Cazadores cerraba a la izquierda, y el Vencedor de reserva; el tercer escuadrón cubría la derecha y el segundo la izquierda; las dos piezas del centro hacían un fuego repetido y con buena dirección.

El enemigo retiró toda su caballería, fuerte de cuatrocientos hombres, tras de sus últimas posiciones; y situando su artillería a media loma correspondía con sus fuegos; su infantería compuesta de los batallones de Cazadores, partidarios y tres compañías del 1er regimiento, fuerte de 1,400 hombres, se extendía en lo escarpado de ellas donde solo se creyó capaz de combatir. La tarde estaba vencida y para obtener un triunfo cierto y más pronto en el tiempo que daba el día, era preciso buscarlo. Con este objeto marchó el batallón de la Legión a ocupar las alturas de la derecha precedido de una columna de tiradores a las órdenes del sargento mayor don José María Apellanes, y apoyado del tercer escuadrón de Húzares; el batallón de Cazadores con su distinguido comandante don Ventura Alegre apoyado del segundo escuadrón dirigido por el muy esforzado y benemérito coronel don F. Brandsen atacaron sobre el camino principal: dos compañías del N° 4 a las órdenes del sargento mayor don José Félix Castro, apoyados del Vencedor, mandado por su digno comandante don Eugenio Garzón, amagaron la toma de su frente, donde se hallaba parapetado un batallón del enemigo.

En esta posición se encendió un fuego matador por todas partes: la Legión y tiradores se adelantaron como debían sobre una gran resistencia: la compañía del N° 4 aparentando una fuga desordenada, según órdenes que tenían, se replegaron entre el Vencedor destinado a sostenerlas, lograron así atraer al llano al enemigo que creyendo cierta su ventaja tomó la ofensiva e hizo descender toda su infantería y numerosa caballería entre el 4 y el de Cazadores que, a pesar de ser fuertemente acometido, se sostenía con bizarría. Entonces los escuadrones de Húzares aprovecharon el momento, y decidieron el combate. El segundo a las órdenes de su bravo comandante don Luis Soulanges cargó con tal bravura y orden, que no sólo destruyó a los dos que lo recibieron, sino también al batallón que lo sostenía. El tercer conducido por su esforzado comandante don Eugenio Aramburú cargó por la derecha, tan decidido a vencer que doscientos dragones no pudieron contenerle un momento. Es difícil que caballería alguna obre con más coraje: los Húzares han confirmado en esta vez que nada es superior a su valor, y que los peligros sólo son un estímulo a su mayor gloria; ellos han ganado cuanto puede ambicionar un militar.

Estas dos cargas brillantes secundadas a la vez por un esfuerzo general decidieron el combate y arrancaron al enemigo la victoria y el prestigio que ha querido sostener de su superioridad. La noche puso término a la persecución, y el ejército vivaqueó entre el campo: al amanecer del 26 se reconocieron los resultados de esta victoria que han sido más de cien muertos, ciento ochenta y cuatro prisioneros, doscientos cuarenta fusiles, cincuenta y dos caballos ensillados, treinta carabinas, doscientas cuarenta lanzas, veinticuatro sables, doscientos cuarenta plazas, veinte y cuatro sables, sesenta y tres gorras de Caballería y cuatro cajas de guerra. .

Es verdad que también ha sido cara: veinte y ocho. Veinte bravos muertos, incluso el capitán de Húzares, don José Morante, ochenta y cuatro heridos, incluso el benemérito coronel de la Legión, don Blas Cerdeña, el capitán del Vencedor don Félix Valerino, el teniente del mismo don Juan Guzmán, y el de la misma clase del batallón Cazadores don José Palma la han comprado con su sangre.

Yo no podré recomendar bastante el mérito de cada uno de los individuos de esta Columna: todos se han conducido como para valientes; el boletín detallará particularmente los hechos de algunos: sin embargo, no puedo prescindir de tener muy presente al digno jefe de vanguardia e izquierda de la línea, coronel don F. Brandsen; al jefe de E.M., interino, de la columna don Manuel Martínez Aparicio; al comandante de la Legión, coronel graduado don Blas Cerdeña; bizarros tenientes de Húzares, don Eugenio Aramburú, y don Luis Solange; al de cazadores, don Ventura Alegre; al teniente  de artillería capitán don Francisco Méndez; al ayudante de E.M.G. don Manuel Mendiburu; y don José S. Rocay y don José María Frías.

Yo tengo la satisfacción de presentar estas ventajas a S.E. el Presidente como un testimonio de la decisión y entusiasmo con que trabaja el ejército libertador que tengo el honor de mandar.

Sírvase US. ponerlas en conocimiento de S.E. y aceptar los sentimientos de mi más alta consideración con que soy su atento S.S.- Andrés de Santa Cruz.

Notas

(1) Manuel C. Bonilla. 1923. Batalla de Zepita, p. 115. Apuntaciones para la historia de las Campañas del Perú de Federico de Brandsen.

(2) John Miller. 1828. Memoirs of General Miller in the service of the Republic of Peru, p. 74.

(3) Felipe de la Barra. 1974. La Campaña de Junín y Ayacucho, p. 89.

(4) Bonilla, Op. Cit., p. 119. Diario de las operaciones del Ejército español en la Campaña sobre el desaguadero.

(5) Gaceta de Madrid del sábado 3 de julio de 1824. Noticia de Madrid del 2 de julio.

(6) Miller, Op. Cit., p. 75.

(7) Juan Vicente Camacho. 1854. Apuntes para la briografía del Gran Mariscal D. Blas Cerdeña, p. 29.