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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

jueves, 3 de septiembre de 2015

Pacheco de Céspedes y el triunfo de Pachía


Juan Luis Pacheco de Céspedes fue un revolucionario cubano que luchó por la independencia de su país y tuvo relevancia en la historia peruana por haber participado en la guerra con Chile y en dos guerras civiles.

Pacheco de Céspedes fue sobrino de Carlos Manuel de Céspedes, quien dio inicio a la primera guerra de la independencia cubana o Guerra de los Diez Años (1868-1878) con el Grito de Yara. Con apenas 17 años, Pacheco de Céspedes se unió a la revolución y participó en diversas acciones bélicas. (1) Finalizada la guerra con la capitulación de los rebeldes, Pacheco de Céspedes deja su país y arriba a las costas peruanas. Cuando Chile le declara la guerra al Perú, Pacheco de Céspedes es uno de los varios extranjeros que se unieron al ejército peruano.

Juan Luis Pacheco de Céspedes

El periodista y político Pedro A. del Solar, cuenta que siendo él prefecto de Tacna y jefe de una división ubicada el ala derecha del ejército aliado, acampado en el Campo del Alianza, se le agregó la columna Sama al mando del coronel Pacheco de Céspedes y que después de la batalla en el que resultó vencedor el ejército chileno (26/V/1880), organizó 810 hombres de los dispersos del ejército, de los que 500 fueron remitidos a Arequipa y los otros 300 formaron dos columnas: una al mando de Leoncio Prado y otra al mando de Pacheco de Céspedes.(2)

Después de la ocupación de Arica por los chilenos, Del Solar fue nombrado Jefe Superior Político y Militar del Sur por el dictador Nicolás de Piérola. Del Solar arribó a Arequipa el 3 de noviembre de 1880 y se dedicó de organizar el ejército peruano en esa zona del país. Él señala que a principios de julio de 1881 había culminado la organización de la columna Sama al mando del coronel Pacheco de Céspedes, "compuesta de 200 jóvenes voluntarios".(3) Del Solar explica que en abril de 1881 el gobierno de Piérola había acordado con el gobierno boliviano realizar un ataque combinado contra las fuerzas chilenas, en el cual el ejército boliviano debía invadir Tarapacá desde Oruro, mientras él enviaba dos mil hombres del ejército al centro del país y alistaba sus fuerzas en Arequipa, que estaban al mando del coronel José de La Torre. La columna Sama dejó Moquegua en dirección al sur. 

"Solo el coronel Pacheco Céspedes y el Comandante en Jefe del Ejército coronel La Torre, sabían lo que debía hacerse. Llevaba el primero instrucciones reservadas de mi puño y letra, para las operaciones militares que debía ejecutar, con especial encargo de emplear en todo la mayor prudencia".(4)

La columna Sama se desplazaba en zonas ocupadas por fuerzas chilenas y Pacheco de Céspedes se enfrentó a ellos y los venció en dos combates en Pachía. 

PARTES DE LOS COMBATES DE PACHÍA

Pacheco de Céspedes escribió dos partes oficiales sobre su enfrentamiento contra los chilenos, uno dirigido al coronel José de La Torre y otra a Pedro A. del Solar. A continuación, transcribo ambos:

"Torata, Setiembre 5 de 1881

Señor Coronel Jefe de Estado Mayor del Ejército del Sur 
Señor C. J. de E. M. 

Tengo el honor de poner en conocimiento de US. que el 30 del pasado despues de dividir la columna en dos fracciones, emprendí la marcha sobre Pachía, con la primera fracción compuesta de 150 hombres, montados en mulas y caballos de tiro y ordené que el señor comandante Pinto al mando de la segunda fracción, tomase las posiciones militares de Tarucachi y Huancana sucesivamente.

El 1° del presente llegué á Palca y el 2 tuve conocimiento de que la caballada y brigada de artillería del enemigo forrajeaban á la cabeza de Pachía, razon por la que á las 3 p. m., llegando á Caliente á las 7 horas 15 m, p. m. con el objeto de asaltarlos y aprovechar éstos en lugar de los que tengo. Á un tiro de rifle antes de los baños, dispuse que el Capitan Jefe del Detall don Héctor F. García, con la mitad de la fuerza se interpusiera entre Pachía y Caliente y el señor Sub-prefecto Sarjento mayor don Cárlos E. de La Torre, con la otra mitad bajara por el valle, tomando yo, para sorprender a la caballada, 20 hombres. Emprendida la marcha sobre los potreros que ya me habían indicado, el enemigo apostado de antemano, rompió los fuegos en todas direcciones y por ellos comprendimos que estábamos rodeados y que de lo que mas se ocupaban era de cortarnos la retirada de Tocuco; vanos fueron sus esfuerzos, pues los 180 jinetes apoyados por 300 infantes fueron derrotados en las tres veces que formaron el círculo, batiéndonos de este modo, desde las 7 h. 30 m. p. m. hasta las 10 h. p. m., momento en que incendiaron dos casas, señal sin duda combinada para retirarse, pues así lo verificaron, dejando en nuestro poder 2 prisioneros, 9 muertos, 11 sables y 17 caballos; una vez dueño del campo ordené forrajeara la brigada y descansara mi tropa en Tocuco; por mi parte tuve la baja esa noche de 4 muertos, 2 heridos y 24 caballos.

El 3 á las 5 a. m. dispuse que el alférez don César U. Moyano al mando de 6 hombres, reconociese la garganta de la quebrada é inmediaciones, el que una hora despues me dió cuenta de que, una fracción de infantería enemiga, estaba desplegada y oculta en la cuchilla del cerro próximo; inmediatamente avancé con 30 hombres y fui recibido por ellos con un nutrido fuego á las 6 h. 15 m. a. m.; el señor Sub-prefecto tomó la fracción que le había destinado y avanzó por la quebrada á tomarles el flanco izquierdo; el capitán García dirijió su fracción á un cerro que dominaba la posición de ellos y rompió sus fuegos con buena dirección, pues á los pocos instantes emprendieron la fuga. Reuní mis fuerzas y emprendí la persecución que fué de buenos resultados, pues aun cuando el enemigo aprovechaba las rocas, sinuosidades del terreno, corrales, casas acequias y montes, fueron rechazados á su cuartel situado a una cuadra ántes de la iglesia de Pachía. Habiéndoles obligado á abandonar en este trayecto 9 posiciones que sucesivamente tomaban; donde cumplió con su deber en este avance el alférez provisional don Eulojio Cortés, todo ésto de las 6 h. 15 m. a. m. á las 1 h. p. m. hora en que recibieron segun datos fidedignos 700 infantes de refuerzo, me obligaron á retroceder á la octava posición, donde sostuve fuego; despues de algunos minutos tuve la lamentable pérdida del sarjento mayor  Sub.prefecto de Tarata, don Cárlos E, de La Torre, pocos momentos despues el enemigo suspendió sus fuegos , imitándoles yo á la vez, y esperé me atacaran, lo que no verificaron.

Como tuviesen conocimiento de que las municiones escaseaban, sin embargo de que la tropa fué municionada por segunda vez, resultando de ésto que se hayan gastado 22,500 tiros en 10 horas y media de fuego en ambos días; ordené la retirada á la 4ª  posición en donde tuve conocimiento de que el cadáver de señor sarjento mayor don Cárlos E, de La Torre, no había sido recojido como lo ordené, viéndome por éste obligado á avanzar hasta mas allá del sitio donde murió; bajo de un nutrido fuego se logró hacerle poner sobre un caballo y remitirlo á Tarata, donde se le han hecho por mi y mi tropa los honores que como á tal correspondían un bravo y entusiasta defensor de la patria.

A las 2 p. m. me retiré, teniendo la satisfacción de ver que mi fuerza lo hacía en buen órden, entusiasta y lanzando vivas á la patria. En este combate tuve las bajas de 4 muertos, 13 heridos y 54 bestias, entre ellos mi caballo y el de mi ayudante. El enemigo tuvo mas de 60 muertos y un buen número de caballos; existen en mi poder 18 armas Grass, Winchester reformado y Comblain id.

En la retirada ascendí á las clases inmediatas á 54 individuos de tropa por su serenidad y entusiasmo. Así mismo, en cumplimiento de las órdenes que tengo recibidas de la Jefatura Superior, he creido un deber de justicia al ascender en los momentos mas apremiantes en premio de su valor, á los subalternos que á continuación espreso: A sarjento mayor, al Jefe del detall capitan de caballería de ejército don Héctor F. García, por serme necesaria su clase, á teniente al alférez de la misma arma don César Moyano, á alféreces á los sarjentos primeros Fermin Ortiz, Manuel 1° Gárate, Escolástico I. Cáceres y el voluntario don Abdon Mena, quien además de haberse portado valientemente, ha salido herido en la mano derecha. Ascensos que espero apruebe S.S. en atención del valor  y actividad de mis ascendidos.

En el trayecto á la Capital de esta Provincia, encontré al señor comandante don Mariano R. Pinto que con la fuerza de su mando ocupaba las posiciones que le señalé, en muy buen órden y actitud enérjica, siendo bastante grato comunicarlo á US. para que por su conducto llegue á conocimiento de quien corresponda.

En momentos de escribir el presente, he tenido conocimiento alguno de que se han introducido a Tacna 67 heridos, siendo llevados gran parte de ellos en camillas y parihüelas.

Dios guarde á US.
S. C. J. de E. M.
Pacheco de Céspedes"(5)

"Torata, Setiembre 11 de 1881

Señor doctor don Pedro A. del Solar.

Hallándome en este villa con la Columna de mi mando, despues de haberle dado descanso y haberme proporcionado movilidad, determiné emprender á llenar la comisión que U. me encomendó, para lo que tomé todas las precauciones del caso; de cuyo movimiento no se apercibió el enemigo hasta el día en que estuve á punto de darle golpe; pero como quiera que momentos antes se habia apercibido de  mi aproximación, se habia puesto en disposición de atacarme en posiciones ventajosas; así es que sin tener conocimiento del lugar que había ocupado, avancé con fuerza de reconocimiento á las 7 h. 30 a. m: mas el enemigo al verme por su frente y á poca distancia, rompió sus fuegos, lo que me obligó á ordenar que mi fuerza avanzara en el acto, lo que verificó de un modo audaz y atrevido, al estremo de que en la carga que se dió llegó á confundirse el enemigo con nosotros, lo que ocasionó que hubiese llegado el caso aún de darse de trompadas con los soldados.

Como el enemigo habia dispuesto un círculo para encerrarnos en él, tuve que romper ese circulo por distintas veces obligando al enemigo á huir cobardemente y á que se replegara á su infantería que expropósito la habia acercado, pues la fuerza de vanguardia con que peleaba era la caballería compuesta de 180 plazas armadas con carabinas "Winchester" reformadas y espadas alemanas. En la mescolanza habida, despues de pocos minutos pudo reconocerse á los enemigos por las espaldas, por no tenerlas los nuestros; pues hubo la circunstancia de que tanto el enemigo como mi tropa se hallaban con vestuario blanco.

Al huir, la caballería enemiga, mandé cargar á mi fuerza, á la que la recibió la infanteria chilena descargando sus fuegos á quema-ropa; y sin embargo de esto, mis soldados no se arredaron ni voltearon sus caras; y mas bien con el arrojo del valiente se precipitaron sobre ellos obligándolos á meterse á un bosque cercano, del que hacian fuego sin apuntar á objeto alguno y en distintas direcciones. Esta circunstancia me sujirió la idea de retirarme á un punto extratéjico, lo que verifiqué reconcentrando toda mi fuerza en él: ésto tuvo lugar el día 2 del presente.

El dia 3 avisté al enemigo á las 6 h. 30 m. a. m. en número como de 400 á 500 hombres, que se hallaban en las posiciones de Pachía, el que al verme á su frente procedió á tomar la posición de un cerro elevado, extendiendo una guerrilla desde la cumbre del cerro y por su ladera, hasta el pié, del que lo desalojaron mis bravos de "Sama", escalando el cerro á caballo con un valor que pocas veces he presenciado el tiempo que milito..................... Me es urgente aumentar mi fuerza, porque quiero secundar el movimiento y ver si llego á dar cima á mi misión; por lo que espero de U. ordene etc......................

Intencionalmente he dejado para este párrafo último, hablarle del valiente entre los valientes Sargento Mayor Don Cárlos E. de la Torre, Sub-prefecto de esta provincia, el que rindió la vida en el combate del día 3, despues de haber dado ejemplo de valor, y quien con una intrepidez sin igual, á la cabeza de doce hombres, desalojó al enemigo de una posición cuasi inexpugnable.

Saludo á U. etc.

Juan L. Pacheco Céspedes".(6)

DESPUÉS DEL COMBATE

Se realizaron honras fúnebres para el sargento mayor Carlos de la Torre, quien era sobrino de Pedro A. del Solar, en la iglesia de San Francisco en Arequipa el martes 13 de septiembre de 1881.(7)

El coronel José de la Torre efectúo una sublevación contra el gobierno de Piérola y reconociendo el gobierno de García Calderón, el 7 de octubre de 1881, destituyendo del cargo de Jefe Superior Político y Militar del Sur a Pedro del Solar y con ello, arruinando cualquier plan que pudiera existir de ataque conjunto con Bolivia a fuerzas chilenas que ocupaban el territorio nacional.

Tras el pronunciamiento de Arequipa, el cubano Pacheco de Céspedes tuvo que huir a Bolivia, casi como un refugiado político, pues era requerido por las autoridades peruanas por diversos crímenes (asesinatos, robos y saqueos) cometidos al defender el gobierno de Piérola. Por intermediación del presidente de Bolivia, Narciso Campero, Pacheco de Céspedes pudo regresar al Perú en 1883, siendo nombrado por Lizardo Montero, presidente del Perú con gobierno en Arequipa, como prefecto de Tacna y jefe de las guerrillas que hostilizaron a los chilenos en el sur peruano el último año de la guerra.(8)

NOTAS

(1) Sobre las actuaciones de Juan Luis Pacheco de Céspedes en la Guerra de los Diez Años recomiendo leer el portal Ecured (ver aquí).
(2) Pedro A. del Solar. 1883. Exposición que hizo a los departamentos del sur, p. 7.
(3) Ibídem, p. 15.
(4) Ibídem, p. 16.
(5) Periódico El Eco de Arequipa, sábado 1° de octubre de 1881. 
(6) Del Solar, Op. Cit., pp. 30-31. Documento 4.
(7) Francisco Yábar Acuña. 2009. La Campaña de la Resistencia en los Andes, T. II, p. 270.
(8) Daniel Parodi Revoredo. 2001. La laguna de los villanos: Bolivia, Arequipa y Lizardo Montero en la Guerra del Pacífico