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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

domingo, 29 de mayo de 2016

Las encuestadoras y sus sondeos de curules al Congreso


Si bien las encuestadoras realizan varios sondeos de intención de voto para presidente, realizan pocos sondeos sobre las curules al Congreso que alcanzará cada partido. Este año se realizaron algunas sondeos sobre las elecciones del Congreso, pero con serias limitantes.

En el Perú existen 26 distritos electorales, cada uno de ellos con representantes en el Congreso. El más grande es Lima Metropolitana con 36 representantes al Congreso y el más pequeño es Madre de Dios, con solo un representante. Para determinar quienes serían elegidos congresistas en cada distrito, las encuestadoras deberían realizar estudios en cada uno de ellos, pero no lo hacen y si lo han hecho, no ha sido publicado en los medios. Las encuestadoras aprovechan los estudios que realizan a nivel nacional para medir la intención de voto a presidente para también medir la intención de voto para congresista. Esto solo sirve para ver si un partido político pasa la valla del 5% pero no para determinar cuantos congresistas tendría en el próximo Congreso. 

Las encuestadoras segmentan su estudio en cinco zonas: Lima, Centro, Norte, Sur y Oriente, cada uno de ellos con diferente margen de error. Los estudios a nivel nacional tienen margen de error que van desde 2.3%  hasta 2.8%, pero el margen de error de cada zona sube a rangos que van desde 4% hasta 10%. Los sondeos que realizaron las encuestadoras para determinar cuantos congresistas tendría cada partido está en base a estas cinco zonas y no en base a los 26 distritos electorales, por eso todas dieron resultados que estuvieron un poco lejos de la realidad. 

En todo caso, tal vez más precisas fueron los sondeos realizados por encuestadoras locales, aunque estas solo mostraban resultados de una sola región y no a nivel nacional. La encuestadora Datum Internacinal no realizó sondeos para congresistas a nivel nacional, solo lo hizo para Lima aprovechando su estudio de intención de voto para presidente a nivel nacional. Los resultados de Datum fueron los siguientes:


La encuestadora Ipsos Opinión y Mercado también aprovechó dos de sus sondeos de intención de voto para presidente para realizar un estimado de cuantos congresistas tendría cada partidos. El último de estos sondeos fue publicado por la prensa extranjera en la semana que estaba prohibida en Perú la difusión de encuestas e incluía un estimado de congresistas por Lima.


La Compañía Peruana de Estudios de Mercados y Opinión Pública - CPI realizó tres sondeos para determinar cuantos congresistas tendría cada partido, el último de ellos con una muestra 12,226 personas, la más grande que se haya realizado. Aún así, se hizo en base a las cinco zonas geográficas y no a los 26 distritos electorales.


CPI también hizo una proyección de los congresistas más votados. Esta proyección estuvo un poco alejada de la realidad como se ve en el siguiente cuadro:



El día de las elecciones se realizan dos tipos de sondeos: el boca de urna y el conteo rápido. El primero no lo tomo en cuenta porque es un poco impreciso, en cambio el segundo tiene bastante precisión porque se realiza con las actas de las mesas de votación. Aún así, comparados con los resultados finales de la ONPE, encontramos que estos no fueron exactos.


Como vemos, a todas las encuestas de curules al Congreso les faltó precisión.

  

martes, 24 de mayo de 2016

La batalla de Tuyutí, la batalla más grande de Latinoamérica


La Guerra de la Triple Alianza, conocida también como la Guerra del Paraguay, fue la guerra más sangrienta que hubo en Latinoamérica en el siglo XIX. Cuando buscaba información sobre la guerra que tuvo Perú contra España en los diarios del año 1866 encontré bastantes noticias de esta guerra, la mayoría de ellas, con cierta simpatía por Paraguay; aunque Perú no podía inmiscuirse, ni diplomáticamente en ese conflicto, porque estaba en guerra con España y luego afrontó una guerra civil.

Hoy es el sesquicentenario de la batalla de Tuyutí, que fue la batalla más grande de esa guerra y de Latinoamérica.

Batalla de Tuyutí. Ataque de la caballería del general Resquín
Pintura de Cándido López

INTRODUCCIÓN

La Guerra de la Triple Alianza se originó en octubre de 1864, cuando el ejército brasileño invadió Uruguay en apoyo del Partido Colorado, que estaba en guerra civil contra el Partido Blanco. El presidente paraguayo, el mariscal Francisco Solano López, previamente había advertido a Brasil que si invadía Uruguay, Paraguay se toma la libertad de accionar en ese caso (30/08/1864), capturó un buque mercante brasileño el mes siguiente y en diciembre invadió la provincia brasileña de Mato Grosso.

Al año siguiente, Francisco Solano López solicitó permiso para que el ejército paraguayo pasara por Argentina para invadir Brasil y Uruguay, lo que obviamente fue negado. Es así que en abril de 1865 un ejército paraguayo invade la provincia argentina de Corrientes, ante lo cual, Argentina, Brasil y Uruguay firmaron el Tratado de Alianza para combatir a Paraguay el 1° de mayo de 1865. Una división paraguaya de 12 mil hombres al mando del teniente coronel Antonio Estigarribia, invade la provincia brasileña de Rio Grande do Sul, pero después de algunos enfrentamientos, es sitiado en Uruguayana y capitula en septiembre. Después de varios combates y batallas, los paraguayos dejan Corrientes en noviembre.

Los aliados conformaron un ejército de más de 50 mil hombres, el ejército en campaña más grande que se había formado en Latinoamérica hasta ese entonces: 38,000 brasileños, 12,000 argentinos y 2,500 uruguayos.(1) En abril de 1866 cruzaron el río Paraná, transportados en más de 100 embarcaciones, invadiendo el territorio paraguayo.

Después de algunos enfrentamientos, la primera batalla grande en territorio paraguayo fue la de Estero Bellaco (02/05/1866) con un resultado incierto para ambos, pero los aliados no se adentraron en territorio paraguayo, se quedaron cerca de la frontera con Argentina.

El 20 de mayo el ejército paraguayo avanzó hacia Estero Bellaco del Norte, mientras al día siguiente, el ejército aliado ocupó Tuyutí, una loma llena de palmeras. Ambos lugares estaban a pocos kilómetros de distancia. Un médico del ejército paraguayo, el Sr. Torrens, al ver el ejército enemigo expresó “que era numeroso y bien equipado” por lo que fue fusilado por orden del mariscal López.(2)

LAS ARMAS DE LOS EJÉRCITOS

A pesar de su pequeño tamaño, Paraguay tenía al inicio de la guerra el ejército más numeroso y organizado de Latinoamérica: 80 mil hombres uniformados de rojo, de los que la tercera parte eran de caballería,(3) pero la mayoría de ellos estaban armados con viejos fusiles de chispa Brown Bess de las guerras napoleónicas, fusiles de fulminante y solo tres batallones con rifles sistema Witton. A modo de comparación, en esa época los ejércitos de Perú y Chile estaban armados con rifles y en la Guerra de Secesión en EEUU, casi todos los batallones también usaban rifles.

Los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay estaban armados de rifles, aunque algunos soldados tenían fusiles de fulminante.

Las lanzas de la caballería paraguaya medían tres yardas de largo (2.74 m) y la de los aliados, 12 pies (3.66 m). En la caballería paraguaya solo el escuadrón escolta y el regimiento Dragones usaban carabinas rayadas, pero los primeros no pelearon hasta los últimos días de la guerra, así que no pudieron probar  sus carabinas Turner.(4)

En cuanto a artillería, los paraguayos tenían algunos cañones rayados de acero del calibre de 12 libras, pero el grueso de su artillería eran los anticuados cañones de ánima lisa. Los aliados si tenían cañones rayados, de acero como el sistema Whitworth, o de bronce del sistema La Hitte, aunque la mayor parte de la artillería argentina eran cañones de ánima lisa y obuses.

Ampliación de la pintura anterior

LAS MUERTES EN LA GUERRA

La guerra ocasionó una gran mortandad en Paraguay, causando un gran desastre demográfico en ese pequeño país. El oficial paraguayo Juan Crisostomo Centurión, que combatió en la guerra, escribió lo siguiente sobre las muertes del ejército paraguayo, desde el inicio de la guerra hasta noviembre de 1865:

“Calculo la pérdida del ejército paraguayo en Corrientes, inclusive la columna Estigarribia, en unos 16.000 hombres. Los que más morían eran los reclutas, pues los veteranos resistían mejor. Al principio de la guerra, es decir, después del reclutamiento general, en los diferentes campamentos, habrán muerto de 15 á 20 mil hombres; haciendo un total más ó menos de 36.000 hombres entre muertos y rendidos, cuando la guerra aún estaba por empezarse”.(5)

Las bajas del ejército brasileño, desde que empezó la guerra hasta abril de 1866, fueron estimadas en 1,471 hombres entre muertos, heridos y extraviados,(6) además de otras 549 bajas en la invasión brasileña de Uruguay.(7) En el mismo período, las bajas argentinas fueron estimadas en 923 hombres y las uruguayas u orientales en 190.(8) Cabe señalar que no están consideradas las muertes de civiles en la ocupación paraguaya de Corrientes y las muertes por enfermedades.

DISTRIBUCIÓN DE LOS EJÉRCITOS Y PLAN DE ATAQUE

El ejército aliado que ocupaba Tuyutí estaba compuesto de casi 35,000 hombres. El ejército brasileño tenía 21,500 hombres, incluyendo 4,000 de caballería y 80 cañones. El ejército argentino tenía 11,400 hombres (8,000 de infantería, 2,000 de caballería y 600 de artillería) y 34 cañones. El ejército uruguayo tenía 1,360 hombres (180 de artillería, 200 de caballería y el resto de infantería) y 6 cañones. La mayor parte de la caballería aliada estaba a pie por falta de caballos.(9)

Dentro del ejército argentino estaba la Legión Paraguaya, conformada por 114 hombres de tropa, 34 oficiales y un jefe.(10) Todos eran paraguayos exiliados por el gobierno de Francisco Solano López.

La distribución del ejército aliado en el campo de Tuyutí era la siguiente:

En la extrema derecha del ejército aliado estaba el 2° Cuerpo del Ejército argentino al mando del general Wenceslao Paunero, seguido del 1° Cuerpo al mando del general Emilio Mitre. La artillería argentina estaba en medio de los dos cuerpos, mientras la caballería, la 2ª división de Buenos Aires y la Legión Paraguaya a retaguardia del 2° Cuerpo, cerca al cuartel general.

El ejército uruguayo era la vanguardia del ejército aliado, ubicado en el centro y al mando del presidente de Uruguay, general Venancio Flores. A retaguardia, estaba la 3ª división brasileña y en un reducto construido el 21, estaba el primer regimiento de artillería brasileña. A la izquierda del reducto estaba la artillería uruguaya.

A la izquierda estaba el grueso del ejército brasileño, al mando del general Luis Osorio, dividido en cuatro líneas. La primera línea estaba conformada por la 3ª y 6ª división de infantería, teniendo al centro y a la vanguardia al 1° regimiento de artillería y a la derecha de la 6ª división continuaba la línea con el 1° Cuerpo del ejército argentino. En la segunda línea estaban la 1ª y 4ª división de infantería y frente de ellos, el 1° y 3° batallones de artillería. La tercera línea estaba conformada por la 2ª y 5ª división de caballería. En la cuarta línea habían dos baterías de artillería y tres batallones de voluntarios.(11)

El jefe del ejército aliado era el presidente de Argentina, el general Bartolomé Mitre.

El ejército paraguayo tenía 25,000 hombres y a su derecha había una espesa selva. El mariscal López había desarrollado un plan defensivo para el ejército paraguayo, incluso ordenó trincheras, pero el 23 de mayo cambió de parecer y decidió atacar al numeroso ejército aliado. Un año después, el mariscal López le contó al ingeniero inglés George Thompson, quien estaba a su servicio que su cambio de opinión se debió a que le contaron el plan de ataque del general Mitre a efectuarse el día 25, por lo que él anticipó el ataque.(12)

El mismo Thompson escribió lo siguiente sobre el plan de ataque de López:

“El general Barrios, con 8.000 hombres de infantería y 1.000 de caballería, debía llevar el ataque á la izquierda enemiga; el general Díaz (entonces coronel) con 5.000 infantes y 4 obuses, por el centro, y el general Resquín por la derecha con 7.000 hombres de caballería y 2.000 de infantería. El ataque debía hacerse simultáneamente, y la señal para iniciarlo sería un cañonazo disparado por Barrios, cuando estuviera listo, pues este tenía que recorrer una larga distancia por entre bosques, donde sólo se podía marchar por hileras. Debía hacer su camino á lo largo del carrizal hasta llegar al potrero Piris, donde debía formar su cuerpo de ejército. Toda esta distancia está poblada de bosques que llegan hasta el intransitable carrizal, de manera que los soldados de Barrios tenían, que marchar unos tras otros, viéndose obligada la caballería á conducir sus caballos de la brida. Díaz debía reunir y formar sus tropas en el punto más próximo posible al enemigo, tratar de no ser visto ni sentido, y lanzarse violentamente sobre su centro, al sonar la señal convenida; Resquín debía tener sus tropas formadas y listas antes de amanecer, detrás de los palmares de Yataytí-Corá, donde no podrían ser vistas por el enemigo. Las caballerías de Barrios y Resquín debían hacer un rodeo y reunirse á retaguardia de los aliados”.(13)

Plano de la batalla de Honore Roustan

LA BATALLA

El mariscal López estimó que el ataque paraguayo debía efectuarse a las 9 am, pero debido al retraso del general Barrios, la batalla recién se inició a las 11:30 am, hora en que un cohete Congreve cayó sobre el batallón Florida. Justo ese día, el general Bartolomé Mitre estaba alistando un serio reconocimiento sobre las posiciones paraguayas, por lo que la 3ª división brasileña y dos divisiones del 1° Cuerpo del ejército argentino estaban sobre las armas y todo el ejército aliado estaba atento, por lo que podían prevenir cualquier ataque.

A la señal convenida, la división paraguaya del coronel José Díaz inició de inmediato su ataque. A su derecha estaba una columna de cuatro batallones al mando del comandante Hilario Marcó y cuatro regimientos de caballería al mando de comandante José María Aguiar, quien atacaron al centro enemigo, donde estaban los batallones uruguayos u orientales Independencia y Libertad. Un militar argentino que luchó en la guerra, José Ignacio Garmendia, escribió lo siguiente:

“Atacados de improviso los batallones Independencia y Libertad, por fuerzas superiores en número, ejecutaron en ellos los paraguayos una carnicería horrible dispersándolos completamente, tomándole al Libertad una bandera y dando muerte á su jefe. Estos desgraciados batallones no sólo fueron víctimas de la saña del enemigo, sino también barridos por la metralla de la artillería oriental y brasileña, que viendo á los paraguayos en revuelta confusión con sus parciales, no trepidó en exterminar á todos sin tener en cuenta que en la matanza esa, iban amigos y enemigos...

Los paraguayos continuaron su avance y alcanzaron próximamente hasta la línea de la 6ª división de infantería y la de los batallones orientales, tropas que no pudiendo contener en el primer momento el violento empuje, tuvieron que retroceder un tanto, no sólo para ocupar una nueva posición, como para despejar completamente á la artillería su campo de tiro, produciéndose entonces los grandes desórdenes y confusiones que son tan peculiares al campo de batalla….

En un momento el campo de batalla fué inundado por las camisetas rojas, que se llevaron por delante á los tres batallones brasileños que cerraban la izquierda, y entrando por esta puerta avanzaron sobre la 3ª división brasileña, mandada por el intrépido general Sampaio…

Conociendo entonces el general Osorio la tremenda situación de la 3ª división, ordenó que marchase la Iª en su auxilio, y se arrojó el valiente riograndés á la pelea como si fuera un soldado….

Tres veces retrocedieron los soldados de Sampaio y tres veces arremetieron valientes. En esta lucha cayó con cuatro heridas mortales su heroico jefe siendo reemplazado en la sangrienta faena por el coronel Machado de Bittencourt”.(14)

El segundo jefe de la caballería paraguaya al mando de Aguiar era el capitán Martínez, quien no se había recuperado de sus heridas recibidas en la batalla de Estero Bellaco (02/05/1866). Cuenta uno de sus compañeros que en la batalla recibió una bala de cañón que “le llevo una parte de la carne del pecho, de cuya herida murió en el hospital dos ó tres días después, a pesar de todos los cuidados que le prodigaron los facultativos por recomendación especial del Mariscal que lo apreciaba mucho. Antes de morir fué promovido á Sargento Mayor”. (15)

Las fuerzas del general Barrios, después de atravesar la selva, cayeron sobre la retaguardia del ejército brasileño y siendo atacados por la caballería al mando del mayor José María Delgado, quien fue herido al inicio de la batalla, pero combatió hasta el final. Después de un éxito inicial, tuvieron que retroceder.

El mismo oficial, escribió lo siguiente sobre el ataque de la división paraguaya de Díaz: “… levó como de costumbre, una enérgica y entusiasta carga á la posición enemiga; pero la artillería oriental y la brasilera le causaron horribles extragos desde que salió del monte, tanto más cuanto que tenía que luchar en primer lugar con la naturaleza del terreno, viéndose obligado á cruzar por un estero para batirse de cerca con los aliados. Dicho estero ó pantano quedó cuajado de cadáveres. El Coronel Díaz, se había comprometido, además, á garantir la vuelta del General Barrios que corría el riesgo de ser cortado en su retirada por los brasileros. Con ese fin, cuando ya no le quedaba tropa para continuar la lucha, se retiró á la orilla del monte con un pequeño resto de su gente y del personal de la banda paraí. Hubo de ser atacado allí por un batallón brasilero que se había desprendido de su campo para perseguir á los nuestros; pero él tuvo feliz la ocurrencia de mandar a tocar con la banda uno de los aires más entusiastas, dando ¡vivas! á la patria. El batallón enemigo, figurándose que allí habría muchos paraguayos emboscados, suspendió su avance y luego contramarchó. Este incidente, debido á la presencia de espíritu de Díaz, dio tiempo á Barrios para ponerse completamente á salvo con el resto de su tropa”.(16) 

La ala derecha del ejército aliado fue atacada por la caballería paraguaya del general Resquín.

“Los regimientos á las órdenes del Comandante Cabral, divididos en dos columnas, avanzaron por la izquierda y derecha de Yataity-Corá, atravesaron el estero y arrollaron y acuchillaron al batallón 3° de línea de la división del Coronel Rivas; éste arrastró  al 5° de línea, que sin tiempo para nada, encontró más expeditivo dar la espalda y declararse en fuga, su comandante por delante montado en un caballo tordillo blanco. Otros batallones (creo que el 4° y el 6°) destacados también al frente de la línea, formaron en cuadro; pero la caballería nuestra, interponiéndose entre los cuadros y la trinchera, dió lugar á que los artilleros, aturdidos por la confusión, no cesaran de hacer fuego sobre ellos, matando á los nuestros lo mismo que á los suyos!

Los otros regimientos que marcharon por Yataity-Corá, á pesar de las enormes bajas que sufrieron al atravesar el estero, cayeron sobre la línea enemiga con un arrojo sin ejemplo, pero fueron completamente hecho pedazos. La infantería nuestra recién entonces entró en acción; pero ya era tarde para prestar una cooperación eficaz á la caballería; y fué destruida por la artillería y la infantería que de atrás de la trinchera hacían sobre ella un fuego horroroso…

El intrépido Mayor Olabarrieta, haciendo prodigios de valor, cruzó por entre las filas del enemigo con el resto de su regimiento, logrando llegar hasta el punto donde debiera haber tenido lugar la reunión con Barrios; pero como éste ya se había retirado, tuvo que regresar atravesando las líneas brasileras, y peleando durante todo este tiempo hasta llegar al Potrero Sauce, casi solo y mal herido.

Cuatro regimientos que avanzaron por la parte más oriental, se encontraron con la caballería correntina al mando del General Cáceres; la arrollaron llevándola en desorden hasta el otro lado del Bellaco. El General Cáceres estuvo á punto de caer prisionero; pero debido á la velocidad de su caballo, pudo escaparse, recojiendo las riendas lejos al otro lado del Estero”.(17)

La batalla terminó a las 4:30 pm. El mariscal Francisco Solano López observó la batalla de lejos y lo más cerca que estuvo fue a una distancia de tres millas.(18)
 
“El humo era tan denso durante el combate, que los aliados no vieron el daño que habían causado á los paraguayos; y por la dificultad de las comunicaciones á causa de los esteros, y la gran confusión de aquellos momentos, López no supo la realidad de sus pérdidas hasta la mañana siguiente”.(19)

Croquis de la batalla, tomado de Granaderos.com.ar

RESULTADOS DE LA BATALLA

Paraguay perdió gran parte de su ejército en esa batalla y quedó diezmado, imposibilitado de efectuar un nuevo ataque. Los aliados no supieron de las dimensiones de su victoria y en las siguientes semanas no se movieron de sus líneas y no atacaron a los paraguayos.

Las noticias de la batalla llegaron a la ciudad argentina de Corrientes al día siguiente. Ahí residía Charles Ames Washburn, ministro plenipotenciaro de EEUU en Paraguay, quien entusiasmado escribió a William H. Seward, secretario de Estado: “Supongo ahora que la escuadra aliada irá aguas arriba en el río Paraguay y que abrirá la navegación libre hasta Asunción en corto tiempo…. Yo espero estar en Asunción en pocos días y para ese entonces, el poder de López debería estar destruido”.(20) Washburn fue muy optimista, pues los aliados recién ingresaron a Asunción tres años después.

Nadie del bando paraguayo se quedó en el campo a contar a sus muertos aunque se hicieron diversas estimaciones. El general Bartolomé Mitre estimó los muertos paraguayos en 4,200, además que los aliados tomaron 350 prisioneros paraguayos, en su mayor parte heridos. También tomaron cuatro obuses, tres banderas, cinco estandartes, doce cajas de guerra, quince cornetas de caballería, correaje, cartucheras, municiones, 5,000 fusiles y otras 1,200 armas entre lanzas, sables, tercerolas (arma similar a la carabina usada por la caballería) y machetes.(21)

El inglés Thompson señala que “los hospitales paraguayos recibieron 7.000 heridos del campo de batalla, siendo de advertir que los heridos leves no entraban en los hospitales”.(22)

Las bajas oficiales de los aliados fueron de 4,247 hombres: 62 oficiales y 657 soldados brasileños muertos, 179 oficiales y 2,113 soldados brasileños heridos, 19 oficiales y 360 soldados argentinos muertos, 36 oficiales y 495 soldados argentinos heridos y otros 30 extraviados, 12 oficiales y 121 soldados uruguayos muertos, 17 oficiales y 146 soldados uruguayos heridos.(23)

La baja más sensible en el ejército aliado fue el general brasileño Antonio Sampaio, jefe de la 3ª división, quien no se recuperó de las heridas recibidas en la batalla y falleció el 6 de julio de 1866.

NOTAS

(1) L. Schneider. 1902. A Guerra da Triplice Alliança contra o governo da republica do Paraguay, traduzido do allemão por Manoel Thomaz Alves Nogueira annotado por J. M. Da Silva Paranhos, Tomo I, pp. 316-317.

(2) Juan Crisostomo Centurión. 1894. Memorias o Reminiscencias históricas sobre la Guerra del Paraguay, Tomo II, pp. 96-97. Buenos Aires, Imprenta de Obras, de J. A. Berra.

(3) George Thompson. 1910. La Guerra del Paraguay, traducida por Diego Lewis y Angel Estrada, anotada y aumentada con un Apendice en que se refutan algunas apreciaciones del autor, Tomo I, pp. 63. Buenos Aires, Talleres Gráficos de L. J. Rosso y Cía.

(4) Ibídem., pp 63-64.

(5) Centurión, Ob. Cit., p. 7.

(6) Schneider, Ob. Cit., T. II, Apéndice p. 5.

(7) Ibídem, T. I, Apéndice p. 204.

(8) Ibídem, T. I, Apéndice p. 207.

(9) Schneider, Ob. Cit., T. II, pp. 22-23.

(10) José Ignacio Garmendia. 1991. Campaña de Humaytá, p. 174. Buenos Aires: Casa Editora de Jacobo Peuser.

(11) Ibídem, pp. 182-185.

(12) Thompson, Ob. Cit., p. 145.

(13) Ibídem, pp. 145-146.

(14) Garmendia, Ob. Cit., pp. 200-205.

(15) Centurión, Ob. Cit., pp. 111-112.

(16) Ibídem, pp. 112-113.

(17) Ibídem, pp. 115-117.

(18) Thompson, Ob. Cit., p. 149.

(19) Ibídem, p. 148.

(20) Papers Relating to Foreign Affairs, p. 579. Carta del 25 de mayo de 1866

(21) Scheneider, Ob. Cit., T. II, Apéndice, pp. 45-46. Segundo parte oficial de Bartolomé Mitre, Tuyutí 31 de mayo de 1866.

(22) Thompson, Ob. Cit., p. 148.

(23) Scheneider, Ob. Cit., T. II, p. 33; Apéndice p. 27.

domingo, 15 de mayo de 2016

Susana Higuchi y el golpe de 1992


Fue el martes 24 de marzo de 1992 cuando Susana Higuchi Miyagawa denunció que familiares de su esposo, el presidente Alberto Fujimori, vendían la ropa donada de Japón para provecho propio. En aquella ocasión, Susana Higuchi señaló que Clorinda Ebisu, esposa de Santiago Fujimori –hermano del presidente- escogía la ropa donada: la mejor la vendía en bazares y solo la peor era donada.(1) Higuchi también indicó que Rosa Fujimori –también hermana del presidente y esposa de Víctor Aritomi, embajador de Perú en Japón (1991-2000)- era responsable por la venta de la ropa donada.

El siempre polémico congresista Víctor Andrés García Belaunde, declaró en aquella época que el valor de las donaciones ascendía entre US$ 50 y US$ 80 millones.

Yo he revisado en diarios y revistas las noticias que van desde el 25 de marzo hasta el 5 de abril de 1992. La principal noticia era la venta de la ropa donada de Japón que era, hasta ese momento, la mayor denuncia de corrupción del gobierno de Alberto Fujimori. También los diarios especulaban que Susana Higuchi tenía ambiciones políticas y que quería ser candidata a la alcaldía de Lima afines de ese año.

Mientras el fiscal Víctor Cubas Villanueva realizaba la investigación para el Ministerio Público, en la Cámara de Diputados se planeaba conformar una Comisión Investigadora del caso, la que nunca se realizó porque se disolvió el Congreso. Por esta razón muchas piensan, incluso yo, que uno de los motivos del golpe de Fujimori en 1992 fue para parar las investigaciones de la venta de la ropa donada.

El golpe fue en la noche del domingo 5 de abril, cuando las revistas Sí y Caretas –las de mayor circulación de la época- ya habían cerrado su impresión. Por esta razón, estas revistas no publicaron nada del golpe cuando salieron a la venta el lunes 6 de abril, sino sus principales reportajes eran sobre la venta de la ropa donada. En cambio los diarios si hablaron del golpe y desaparecieron las noticias de la venta de la ropa donada. A continuación, el reportaje sobre el caso de la revista Caretas del lunes 6 de abril de 1992.


Después del golpe, en mayo de 1992, Susana Higuchi habría sido torturada con electroshocks en el sótano del Servicio de Inteligencia del Ejército como represalia por su denuncia (2). Hoy Rosa Fujimori y Víctor Aritomi están prófugos de la justicia peruana.

NOTA

(1) “24 de marzo de 1992: El autogolpe de Susana Higuchi y la ropa donada del Japón” en La República, 5 de abril del 2012 (Ver aquí)

(2) “Denuncias Toman Cuerpo” en Caretas, 28 de febrero del 2002 (Ver aquí)

sábado, 7 de mayo de 2016

Combate del 2 de Mayo: parte de la fragata Villa de Madrid


A propósito del sesquicentenario del combate del 2 de Mayo, muchos de nosotros solo sabemos la versión peruana del combate, la versión española es poco difundida. Así como existen partes oficiales de las baterías peruanas, también existen los partes de cada buque español presente en el combate, los cuales detallas los daños que recibieron de la artillería peruana aquel día.

Uno de los buques españoles presentes en el combate era la fragata Villa de Madrid, que durante 1865 fue el buque insignia de la escuadra española en el Pacífico. Tenía una eslora de 257 pies y 9 pulgadas, manga de 48 pies y 5 pulgadas y desplazaba 3,000 toneladas.

De acuerdo al historiador naval español, José Ramón García Martínez, autor de “El Combate del 2 de Mayo de 1866 en el Callao”, el Villa de Madrid estaba artillado con 34 cañones de ánima lisa de 68 libras y 20 centímetros (cm) de calibre, 8 cañones rayados de 32 libras y 16 cm de calibre y 6 cañones de ánima lisa de 32 libras y 16 cm.

La fragata Villa de Madrid
Pintura de Guillermo González de Aledo

El parte oficial de la fragata Villa de Madrid se encuentra en el tomo 2 “Documentos relativos a la campaña del Pacifico (1863-1867)” y es el siguiente:

1866 mayo 3. Fondeadero de San Lorenzo.
El Comandante de la fragata Villa de Madrid a Méndez Núñez.
Remite parte del combate de El Callao, de las averías sufridas por el buque y del comportamiento de la gente de este buque

A las once y media de la mañana del día de ayer, y previa la señal de la capitana, nos pusimos en movimiento listos ya para entrar en combate con el zafarrancho hecho y dirigiéndonos por la popa de la Berenguela. La seguimos a conveniente distancia, para colocarnos en el sitio que de antemano tenía designado este buque, a fin de batir los fuertes situados al norte de la población de El Callao. Serían como las doce y media poco más o menos cuando nos hallamos en las seis brazas de fondo, a cuya hora se paró la máquina, metiendo paulatinamente sobre estribor con el doble objeto de acercarnos hasta caer en las cinco y media brazas y presentar el costado opuesto a los mencionados fuertes. Un rato antes de verificar esta operación ya era muy vivo el fuego que sobre este buque hacían aquellas baterías, teniendo la fatalidad que antes de presentar el costado de babor para empezar a contestar un proyectil de muy grueso calibre penetrase enfilado por el durmiente que cae precisamente encima del 11 cañón (que viene a estar colocado como en el tercio de proa) de aquella banda y taladrando el guardacalor de la chimenea y haciendo una gran abertura en uno de los dos tubos conductores del vapor a los cilindros fue a caer en la cámara de las calderas, después de haber desmentido dos puntales de hierro de los que sostienen la cubierta y tienen su apoyo en la sobrequilla, matando e hiriendo a su paso a los sirvientes de los cañones: 10, 11 y 12 hasta el núm. 13 de los primeros y 22 de los segundos, entre aquéllos al Guardia Marina D. Enrique Godinez y el Oficial de Mar habilitado que se habían prestado a servir la plaza de Cabo de Cañón Francisco Permuy, y de los últimos levemente el Alférez de Navío D. Félix Bastarreche. Como consecuencia de este terrible balazo, la máquina quedó inutilizada para seguir funcionando, y como continuase el fuego del enemigo sobre este buque, el cual no podía corresponder por falta de movimiento, fue necesario para evitar quizás un desastre que la goleta Vencedora, que se hallaba próxima, nos sacase de remolque fuera del tiro de los fuertes, a fin de remediar si era posible las averías del tubo para luego volver al fuego; pero éstas eran de tal entidad que imposibilitaban su reparación sin apagar los hornos, como así se verificó momentos antes de dar fondo en San Lorenzo. No fue esto óbice para que durante la operación de remolque, y mientras el buque presentaba su costado de babor a los fuertes se sostuviese un fuego muy vivo con las baterías de cubierta y el resto útil de la principal hasta hacer unos doscientos disparos. Además de las averías enunciadas  se recibieron tres balazos: uno en la amura de babor a flor de agua, pero que no penetra sino muy pocas pulgadas; otro debajo de la mesa de guarnición de mesana de aquella banda, que rompió un cadenote, y el tercero en el cuarto bote, que se hallaba colgado en los pescantes de estribor, más algunos otros por alto que han costado varios cabos de labor, algunos obenques y el estay de babor de gavia.

A pesar de la gran actividad desplegada en la reparación de las averías de la máquina, ésta no ha podido quedar en disposición de funcionar hasta la mañana de hoy, con sólo cuatro calderas, y espero que en dos o tres días se hallará lista completamente para poder desarrollar toda su fuerza si necesario fuere.

Sólo me resta manifestar a V. S. que tanto la oficialidad como la guarnición y tripulación de este buque han correspondido dignamente a lo que la nación espera de ellos, siéndonos a todos muy sensible que la desgraciada circunstancia ya mencionada hubiera sido causa de no haber podido contribuir con los fuegos de este buque hasta última hora al resultado final del combate.

Todo lo que tengo el honor de manifestar a V. S. en debido cumplimiento.

Dios guarde a V. S. muchos años.

A bordo de la expresada, fondeadero de San Lorenzo, 3 de mayo de 1866.

Claudio Alvargonzález (Firmado y rubricado.)
V° B°
P. O.
Miguel Lobo.

Sr. Comandante General de esta Escuadra

domingo, 1 de mayo de 2016

Combate del 2 de Mayo: Parte de las baterías del norte


Este post es la continuación de uno anterior sobre el Combate del 2 de Mayo de 1866 en donde detallaba las baterías del sur. Ahora voy a detallar las baterías del norte. Estas baterías estaban al mando del José Joaquín Inclán y de acuerdo a lo detallado por el historiador naval Fernando Romero Pintado (“Historia Marítima del Perú”, Tomo VIII, volumen 2), estaba al norte de la zona poblada del Callao.

Cañón Blakely ubicado frente al Real Felipe. Foto del autor
La primera de las baterías era el fuerte Ayacucho, erigido sobre el antiguo fuerte colonial San Miguel, llamado en esa época Castillo El Sol, fuerte auxiliar del Real Felipe. El fuerte estaba ubicado pasando el actual ingreso del muelle de DP World, delante de la calle Manco Cápac.

A 500 metros al norte del fuerte Ayacucho estaba la Torre Junín, que al igual que la Torre de La Merced, eran cañones Armstrong sobre una torre giratoria diseñada por el británico Cowper Coles, llamada “tamborete” en el parte oficial. Entre el fuerte Ayacucho y la Torre Junín, más pegada a la torre, estaba la batería Pichincha. A 400 metros al norte, en una zona pantanosa, estaba la batería Independencia.

Batería Pichincha, Foto: Archivo Histórico de la Marina de Guerra del Perú
A continuación reproducimos el parte oficial de las baterías del sur, respetando la ortografía original.

Diario oficial El Peruano, sábado 12 de mayo de 1866

R. P.- Comandante General de las Baterías del Norte.- “Torre de Junín”.- Callao 2 de Mayo de 1866

Al Señor General Jefe de E. M. G.

                S. G.

Me es honroso y satisfactorio á la vez, cumplir con el deber de dirijir á US., para que se sirva darle el giro conveniente, el parte de los sucesos ocurridos en las baterías del Norte que bajo mis órdenes combatieron gloriosamente el dia 2 del actual contra la escuadra española.

A las 11 de la mañana del citado dia se notó que la dicha escuadra dirijia su rumbo en son de combate, desde el cabezo de la isla San Lorenzo hácia la bahía; habiendo entrado en ella alineando sus naves en divisiones paralelas á la línea de nuestras baterías, comprendidas entre el Norte y el Sur de la rivera del puerto, tres fragatas que se cree fueron la “Villa de Madrid”, la “Resolución”, la “Berenguela” y la corbeta “Vencedora”, formaron su línea de batalla á sotavento de la bahía, frente de las de mi mando, las cuales rompieron sus fuegos á las 12 y 1 p.m.

Las referidas baterías se hallaban montadas con el número total de 15 piezas de diferentes calibres, distribuidos de Sur á Norte en la forma siguiente:

Fuerte de “Ayacucho” – Con dos cañones Blakely, calibre de 450 libras, comandadas, la 1a. por el Sargento mayor D. Felipe S. Crespo, y la 2a., por el id. graduado D. Guillermo Smith; siendo el jefe de este fuerte el resuelto Teniente Coronel graduado D. Andres A. Cáceres.

Batería de “Pichincha” – Con 5 cañones de 32 libras, largos, comandada por el Teniente Coronel Don Melchor Delgado, siendo jefes de las piezas el Capitan graduado D. Mariano Villegas de la 1a.; el Teniente D. Guillermo Guerrero de la 2a.; el id. D. Pedro Bermudez de la 3a.; el Subteniente D. José Antonio Sárrio, de la 4a.; y de la 5a. el Teniente D. Enrique Caravedo; siendo Ayudante de esta batería el Sargento mayor D. José Agustín Bedoya.

Torre de “Junín” – Con dos cañones Armstrong calibre de 300 libras, comandadas por el Sargento mayor D. Tomas Iglesias, siendo á la vez jefe de la 1a. pieza, y el Capitan D. Nicanor Loyago.

La batería de la “Independencia” – Con 6 cañones de 32, cortos, mandada por el Teniente Coronel D. Mariano Delgado de la Flor; siendo jefes de pieza de la 1a. el Teniente Coronel D. Marcelino Varela, de la 2a. el id. graduado D. Simon Barrionuevo, de la 3a. el Sargento mayor D. Gregorio N. Espinoza, de la 4a. el id. Don José Ampuero; siendo el Ayudante de esta batería el Sargento mayor D. Manuel Mori Ortiz.

Así que empezaron los fuegos dispuse fuesen contestados por nuestras baterías del fuerte de “Ayacucho” donde me hallaba, enarbolándose á la vez el pabellón Nacional, en medio de aclamaciones entusiastas. En seguida marché con celeridad á recorrer las demás baterías de la línea, dejando allí al inteligente y esforzado Comandante de las piezas de grueso calibre Don Benigno Febres. En todas se fué generalizando el combate, repitiendo mis prevenciones de que se hiciesen los fuegos con calma y certeza, aguantando cuanto fuese posible los del enemigo, con el fin de inspirarle confianza y de que no conociese tan pronto el alcance de nuestros proyectiles; estableciéndome en seguida en la Torre de “Junín”, en razón de hallarse situada casi al centro de la línea y haberla designado, por órden general, como el punto de mi residencia para recibir los partes de las ocurrencias que tuviesen lugar. En cada una de las fortificaciones de mi mando tuve la satisfacción de encontrar en sus puestos á los Comandantes, dando pruebas inequívocas del mas sereno valor y entusiasmo: merced á esto, á la calma y precisión de sus punterías, los disparos se hicieron cada vez mas certeros, causando visiblemente gravísimos daños á nuestros audáces y obstinados enemigos; y miéntras esto sucedia en el Norte, sabido és ya que otro tanto se realizaba en las baterías del Sur, aunque con irreparables pérdidas para la patria. Solo así puede explicarse el espléndido triunfo que, después de cinco horas de rudo combate, obtuvimos con 50 cañones contra 300 de que disponía la orgullosa flota enemiga.

Una vez que dejo generalizados los hechos, debo puntualizar, de la manera mas breve: los detalles relativos á cada una de las baterías:

Fuerte de “Ayacucho” – Después de varios disparos hechos por los magníficos cañones de este fuerte, con el mejor éxito, se interrumpió por corto tiempo el manejo de la primera pieza, pero fué reparada brevemente por su activo Comandante, entrando luego en batería: la segunda sufrió mas tarde una séria avería, por haber salido fuera del eje de su corredera, circunstancia que oportunamente tuvo lugar al disparar el último cañonazo sobre la “Almanza” que fué el buque enemigo que nos ofreció la mas tenaz resistencia. Ambas piezas han disparado 35 proyectiles: tal ha sido la sangre fría y calma con que sus comandantes trataban de asegurar sus punterías, logrando operar con tan buen suceso, que una de sus bombas fué la que visiblemente causó grave daño en un costado de la fragata “Berenguela”, que desde luego se vió en la necesidad de ponerse fuera de combate. En este fuerte solo hemos tenido que lamentar la muerte del joven tacneño entusiasta, Teniente D. Nicanor Vasquez, á quien momentos ántes del combate destiné á la 1a. pieza, para completar la dotación de voluntarios que tenia como repuesto, dicho oficial falleció al segundo dia en el hospital de Bellavista.

Batería de “Pichincha”.– En esta batería se sostuvo con el mejor éxito un fuego nutrido durante el combate, á pesar de haberse desmontado algunas de sus piezas que fueron reparadas poco después por su alentado y laborioso Comandante Teniente Coronel D. Melchor Delgado y de sus entusiastas subordinados; en dicha batería hemos tenido que lamentar la pérdida del sargento 2° Faustino Castañeda y la del cabo 2° Marcelino Torres, resultando heridos el Subteniente D. Adolfo Machuca y el sargento 2° Martin Béjar; en el fuego que se sostuvo solo se han arrojado 164 proyectiles.

Torre de “Junín”.- A pesar del vivo fuego que se dirijió á este importante punto de nuestra línea de defensa, la Torre no cesó de ofender sin sufrir daño alguno de consideración, a pesar de haber recibido su tamborete varios proyectiles enemigos que apenas han mellado su blindaje, haciendo saltar solo una plancha sobre-puesta que cubria una de las troneras que se han cerrado. En esta “Torre” se sufrió el momentáneo contratiempo de haberse atorado una bomba en la mitad del ánima del 2° cañón, paralizando por algún tiempo sus fuegos; pero al fin de varios ensayos, logró sacarla con habilidad el Teniente D. Domingo Rivero, sufriendo impasible los fuegos del enemigo, entrando en seguida el cañón en batería. Entre los certeros tiros que se hicieron en ella, fueron notables uno dirigido por el mayor Iglesias, jefe de la “Torre” que se cree rompió la caldera de una de las fragatas enemigas, sacándola fuera de combate; y otro por el agregado capitán de corbeta Capitan de Corbeta D. Domingo Reyes, que cayó en la toldilla de la “Almanza”, rompiendo el pico de mesana y derribándole la bandera. En esta “Torre” solo se han arrojado 29 proyectiles, pues cumpliendo con las prevenciones que les hacia personalmente á los Comandantes, no se ha dado un solo tiro con precipitación; á ello ha contribuido también el inteligente ingeniero Don Felipe S. Arancibia, que no se separó de ella.

Batería de la Independencia.
Por  consecuencia del nutrido fuego que sostuvo al principio esta batería, servida en su totalidad por jefes y oficiales del Ejército, que con ejemplar abnegación hacen de soldados en ella, se fueron desmontando sucesivamente sus piezas, á pesar de la inteligencia y mecánica minuciosidad de su comandante; quedando casi apagada, aunque no sin haber causado en el enemigo, que al principio se puso al alcance de sus cañones. El Teniente Coronel Don Pedro Calvo, que sirve en ella, me dio parte de lo que ocurria y en consecuencia ordené á este que se hiciesen los mayores esfuerzos por mantener montadas algunas piezas, con el fin de sostener un fuego pausado que manifestase al enemigo que no habían sido apagadas. Mandé en seguida á mi ayudante el capitán D. Juan Manuel Sotillo, á comunicar esta ocurrencia á S. E. y al Secretario de Guerra : posteriormente ordené al Sargento mayor Don Andrés Belaunde fuese á las baterías del sur á pedir al Sr. Secretario de Guerra: posteriormente ordené al Sargento mayor Don Andres Belaunde fuese á las baterías del sur á pedir al Sr. Secretario de Guerra una sección de Artillería Volante que pudiese protejer aquella batería, pues anticipadamente se me habían hecho prevenciones para este caso.- En los fuegos que sostuvo solo se han consumido 153 balas esféricas.

Al concluir esta parte me encuentro sobremanera embarazado para individualizar los reconocimientos de los bravos defensores de la honra nacional que han combatido bajo mir órdenes: no puedo, no debo Sr. General, tentar tan difícil calificación esponiéndome á deslustrar un todo moral que representa la abnegación y el valor mas esclarecido de los señores jefes y oficiales y demás individuos cuyas relaciones nominales tengo el honor de adjuntar á US.

A pesar de lo dicho me veo en el deber de mencionar algunos nombres por la excepcionalidad que toca á sus personas; en este concepto me permito poner en conocimiento de US. que el Señor General Buendia, Comandante general de la Division del Norte, su Jefe de Estado Mayor y sus dependencias, no satisfechos sin duda con permanecer en sus puestos donde los peligros no eran tan inminentes, como en las baterías, recorrieron las de mi mando estimulando con su presencia y corriendo los azares de sus camaradas que en ella combatían; y los Señores Coroneles (veterano de la Independencia) Don José A. Barrenechea; Mayor de plaza Don Manuel Saavedra, Don Miguel Saturnino Zavala, Don Francisco Gomez, Don Domingo del Solar, Don Mariano Bolognesi, Don Bernardo Galindo, Don Felipe Franco y Tenientes Coroneles Don Mariano Pagador, Don Mariano Nuñez del Prado, y el retirado Don José María Duran, Don Benigno Zevallos y otros muchos jefes y oficiales cuya relación adjunto, que pertenecieron al ejército de la fenecida administración del ex-General Pezet y concurrieron voluntariamente sin colocación determinada permaneciendo en las baterías desde que se anunció el peligro, dando pruebas de abnegación y de recomendable serenidad. El primero, no obstante su ancianidad, ávido aun de glorias, cuando pudieran bastar las que tiene adquiridas se me presentó lleno de juvenil ardor en la batería de “Ayacucho” pidiéndome un puesto; para cojer sin duda el último laurel que la suerte le ofrecía; allí ha dado pruebas de una serenidad y valor distinguido captándose las simpatías de los que los rodeaban.

Dignos de la mayor consideración han sido los patrióticos y entusiastas servicios prestados por las compañías de bomberos de la capital y de este puerto ya humedeciendo las esplanadas y trincheras, ya prestando mas fuertes servicios en la conducción de piezas para las baterías. Las dirijidas por los distinguidos ciudadanos Don Francisco Lazo, Don José Basagoitia, Don Federico Sotomayor, y Don Agustín Peregrin han hecho dignos de nuestra gratitud, así como las diversas compañías venidas desde la capital á prestar sus servicios en cuanto se ocurria, haciéndose notables en ellas D. Fernando Mariátegui, Don José Manuel Lecaros y Don Juan Guevara.

El interés y filantropía que el Dr. D. Armando Veles, Dr. López Torres y demás cirujanos y practicantes desplegaban al cumplimiento de sus deberes son dignos de elojio y consideración.

Al terminar Señor General cumplo con un deber de justicia recomendando á la consideración del Gobierno el distinguido comportamiento de mis ayudantes, Sargento mayor graduado don Federico Bustios y capitanes don Juan Manuel Sotillo y don Santos Romero, así como la de los agregados Sargentos Mayores don José Andres Beraunde y don Mariano Diaz, quienes no solo me han seguido entusiastas al recorrer los puntos de combate; sino que cumplieron con brio y precisión las diversas órdenes que comuniqué.

Por mi parte creo haber cumplido con mi deber como peruano y como soldado de la Nacion celoso de su honra, que hoy veo limpia y enaltecida; si á esta convicción pudiera agregar la de que S. E. juzgue que he correspondido á su confianza, mis deseos quedarán cumplidos.

          Dios guarde á US.-S.G.-José Joaquin Inclan.