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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

lunes, 5 de junio de 2017

La artillería peruana en la defensa de Arica en 1879

Cañón Vavasseur en el Morro de Arica. Foto del autor

En las primeras décadas del Perú Republicano, Arica era el segundo puerto del país y el más importante en el trayecto de Callao a Valparaíso, pero cuando llegó la guerra en 1879 estaba venido a menos. Su importancia comercial había disminuido en detrimento de Mollendo e Iquique, tanto por la destrucción ocasionada por los maremotos (1868 y 1877) como por el Ferrocarril del Sur y el auge salitrero. Su población en esa época se estimaba en 2,843 habitantes, menos de la mitad de la estimada de Iquique, que era de 6,000 habitantes (1).

Durante la Guerra con Chile (1897-1884), Arica se convirtió en Cuartel General del Ejército y fue el lugar desde donde el presidente Mariano Ignacio Prado –que usó el título de Supremo Director de la Guerra- daba órdenes para las excursiones de la escuadra peruana sobre la costa chilena. Por eso fue importante el esfuerzo peruano en artillar el puerto en los primeros días de la guerra con cañones pesados.

LOS PRIMEROS CAÑONES

En el período que Arica fue puerto peruano, en varias ocasiones sufrió por bombardeos y combates por conflictos internos o externos. Con motivo de la guerra con España, Arica fue artillada en 1864, instalándose baterías en el Morro y al norte del puerto, en la playa San José, siendo desartillada en 1869, meses después que el puerto había sufrido de un maremoto.

Con motivo del conflicto entre Chile y Bolivia y las posibilidades de que Perú quede envuelto en esa guerra, se decidió artillar nuevamente Arica.

En la madrugada del miércoles 2 de abril de 1879, zarpó del Callao el transporte Chalaco, que arribó a Arica el 5 de abril. Como el Prefecto de Tacna comunicó al comandante del Chalaco, el capitán Manuel Villavisencio, que la escuadra chilena fondeaba frente a Iquique, el transporte peruano desembarcó la división del ejército destinada a Iquique y al día siguiente, se armó una cabría con la cual desembarcaron dos cañones Parrott de 100 libras. El 7, el Chalaco llevó la división del ejército a Pisagua y al regreso en Arica, desembarcó otros dos cañones Parrott de 150 libras de calibre (2). Del Chalaco también desembarcó el coronel Arnaldo Panizo,(3) quien fue jefe de la artillería y encargado de las obras de defensa del puerto.

El contralmirante Lizardo Montero llegó a Arica el 12 de abril con el cargo de Comandante General de las fortalezas de Arica, aunque no por sus conocimientos de artillería sino para alejarlo del mando de la escuadra (4). A los cuatro días, se quejó por el “desorden e insuficiencia” de los elementos de defensa, señalando que los trabajos realizados fueron “estérilmente ejecutados”, porque los cañones fueron montados en cureñas de sistema y calibre distintos, ocasionando “un gran desorden en los trabajos”, careciendo las baterías del personal y útiles necesarios (5).

El corresponsal del diario El Comercio escribió que para el 16 de abril, el Morro ya tenía “artillería montada” y que se pretende fortificar la Isla Alacrán (6). Cuando el blindado chileno Cochrane llegó a Arica el 20 de abril, encontró cinco cañones de grueso calibre en el Morro y también vio un parapeto en construcción en la Isla Alacrán (7). ¿Cuáles eran los cinco cañones del Morro? Eran los dos Parrottt de 100 libras que llevó el Chalaco además de tres cañones Voruz de la corbeta América (buque que naufragó en Arica en el maremoto de 1868) que probablemente estaban en el puerto antes de la guerra.

Para el 20 de abril ya estaba terminada la batería San José, ubicada en la playa al norte de la población (8), con dos Parrottt de 150 libras. Un Voruz debió estar en la batería Santa Rosa, llamada así en honor a la esposa de Montero (Rosa Elías), colocada cerca a los rieles del tren el 21 de abril (9), aunque en algún momento, debió desaparecer esta batería, porque en la descripción de baterías del corresponsal de El Comercio del 7 de mayo, indica seis cañones en el Morro y dos en la batería San José, siendo el jefe de las dos baterías el coronel Panizo, el jefe del Morro el capitán de fragata Felipe S. Mesa y el jefe de la San José el capitán de corbeta N. Mariátegui (10).

La antigua isla Alacrán, actualmente una península. Foto del autor

LOS CAÑONES VAVASSEUR

Hasta el momento, los cañones pesados que artillaban Arica eran de calibre similar o menor a la que montaban los buques chilenos, pero en mayo se enviaron los cañones más pesados que arribaron al puerto sureño.

En la junta de guerra celebrada en Palacio de Gobierno el 13 de mayo, el capitán de navío Aurelio García y García sugirió que la escuadra peruana no vaya a Arica hasta que se colocaran en el puerto dos o más cañones de 300 libras o más fuertes (11), que serían los cañones Vavasseur, aunque parece que la decisión de llevar estos cañones se habría decidido antes, porque cuando Montero informó que realizó una práctica de fuego el 2 de mayo, también contó que se iniciaron los trabajos de una explanada al norte del puerto para colocar dos cañones de grueso calibre (12).

Cuando el transporte Oroya arriba a Arica el 20 de mayo de 1879, no solo el presidente Mariano Ignacio Prado viajaba entre sus pasajeros, también llevaba dos cañones Vavasseur (13). Otro cañón Vavasseur llegó a Arica por medio del transporte Limeña el 31 de mayo (14). Uno de estos cañones fue colocado en el Morro y los otros dos en las baterías Santa Rosa y 2 de Mayo.

Después que los cañones pesado estaban colocados en Arica, continuaron con la idea de artillarlo con cañones más ligeros. El 10 de julio, el presidente Prado ordenó que el transporte Chalaco desembarcara en Arica dos cañones de su propia artillería “para colocarlos en el Morro por el lado de la Licera, que es la parte que no está defendida por las demás baterías de este fuerte que protege la bahía” (15).

LAS BATERÍAS PARA LA DEFENSA TERRESTRE

Cuando los chilenos tomaron Pisagua (02/11/1879), se tomaron las medidas para defender a Arica de un ataque terrestre. La corbeta Unión, la cañonera Pilcomayo y el transporte Chalaco salieron del Callao (08/11/1879) llevando tropas a Arica y zarparon de regreso el 17 de noviembre de 1879, no sin antes dejar en el puerto, por órdenes del Presidente Prado, algunos de los cañones con que estaban artillados. La Unión dejó dos cañones Voruz (16) y el Chalaco dejó dos cañones Voruz, dos cañones Parrott de 30 libras, además de balas pólvora, cañones Blakely de 12 libras para el ejército, víveres, entre otros (17).

LOS CAÑONES QUE NUNCA LLEGARON

A fines de 1879, Arica ya tenía definida su artillería: era defendida por 13 cañones que apuntaban al mar y otros seis que apuntaban al este, como defensa terrestre; pero estos no fueron todos los cañones que se planearon para el puerto.

El 9 de agosto de 1879, el secretario general del presidente Prado, M. Alvarez, escribió que los dos cañones Parrott de 300 libras que se encontraron en el arsenal, sean enviado a Arica, pero le responden que ambos reemplacen a dos cañones Blakely de 500 libras de la batería Santa Rosa en el Callao, que han sido inutilizados por el oído -fogón del cañón, donde va la mecha o estopín- (18). A fines de agosto, arribaron esos dos Parrott de 300 libras a Arica (19), aunque vinieron con cureñas para cañón Rodman, llegando días después las cureñas de los Parrott.

Cuando el ministro de Guerra y Marina Mendiburu solicitó que el retorno de las dos cureñas de los cañones Rodman, le respondieron que en Arica esperaban que arribasen dos cañones Rodman. Los cañones Rodman eran de ánima lisa, bastante anticuados para la época, aunque por ser de calibre pesado ocasionarían gran daño en la escuadra chilena.

¿En dónde se colocarían los cañones Rodman? Serían destinados a artillar la isla Alacrán. Hay varias cartas del presidente Prado al vicepresidente La Puerta en donde el primero le expresa la necesidad de artillar la isla Alacrán.

“Para esta fortificación de la isla se necesitan dos cañones de 300 ó 400 sistema Rodman o Dalhgren, que se servirá usted ordenar se me remita en primera oportunidad”, escribió Prado a La Puerta el 20 de julio de 1879 (20).

Nunca llegaron los cañones Rodman y no sabemos el destino de sus cureñas. En cuanto a los cañones Parrott, al siguiente mes fueron destinadas a artillar el puerto de Iquique.

LOS ARTILLEROS

La situación de los artilleros no era de las mejores en los primeros meses de la guerra. Montero le escribía al ministro de Guerra y Marina, el general Manuel de Mendiburu, el 29 de julio que ha “recibido las 1,000 camisas y 1,000 calzoncillos de tocuyo; 1,000 fornituras y 1,800 corbatines; 47 carabinas Evans y 3,000 tiros para las mismas; faltando por consiguiente, tres carabinas y 2,000 tiros para completar” (21).

Dos días después, Montero escribió que “los voluntarios del Callao que dotan las baterías de esta Plaza, se encuentran casi desnudos”, que diariamente “aumenta el número de los enfermos” y pedía que le remitan “el número de calzoncillos, camisas, zapatos, frazadas, capotes y uniformes de lana, en concepto de trescientas plazas que son las que dotan las baterías de Sur y Norte” (22).

Proyectiles del cañón Vavasseur en el Morro de Arica. Foto del autor

DESCRIPCIÓN DE CAÑONES Y BATERÍAS

A fines de 1879, en Arica habían instaladas las siguientes baterías:

Dos de Mayo
Ubicada al norte del muelle, construida a barbeta, estaba cubierta con champas de barro. “No tardó en brotar de las champas dichas un césped de grama que, visto de lejos, se confundía con los gramadales del llano” (23), escribió el ariqueño Gerardo Vargas.

Contaba con un cañón Vavasseur de 9 pulgadas, llamada de 250 libras (algunas veces lo llamaban de 300 libras), pero sus proyectiles pesaban menos: 232 libras pesaba el proyectil sólido cilíndrico, 229 libras el proyectil sólido cónico, 215 libras la granada de casquete y 158 la granada común, siendo las balas sólidas de hierro fundido y las granadas de acero. Era un cañón similar a los Blakely, cuyos proyectiles tenían platillos de cobre en la base (24), fabricado en 1867 y comprado por Perú con motivo de la guerra con España.

Santa Rosa
Ubicada al norte de la batería Dos de Mayo, era similar a aquella y también contaba con un Vavasseur de 9 pulgadas.

San José
Era la batería que estaba más al norte, en la playa San José. Similar a las anteriores, pero con dos cañones Parrott de 150 libras “sobre correderas de á 100” (25). Estos cañones, igual que los Vavasseur, fueron adquiridos en 1866 con motivo del conflicto con España. Los cañones Parrott eran de calibre de 8 pulgadas y sus proyectiles no pesaban 150 libras, sino habían de 132 y 175 libras de peso (26).

Restos del cañón Voruz en Arica. Foto del autor

Morro
En el Morro habían dos baterías: la más numerosa ubicada al oeste y en dirección a la bahía, contaba con un cañón Vavasseur de 250 libras, dos Parrott de 100 libras y cuatro Voruz de 70 libras, mientras la otra ubicada al sur, en dirección de la playa La Lisera, contaba con cuatro Voruz de 70 libras.

La Vavasseur era de 9 pulgadas similar a las que estaban en la baterías Santa Rosa y Dos de Mayo, mientras los Parrott eran de 6.4 pulgadas y disparaban proyectiles de 70 y de 100 libras (27).

Los Voruz eran cañones fabricados por J. Voruz en Nantes para artillar las corbetas América y Unión, que arribaron al Perú en 1865. Los cañones eran imitación de los cañones “rayados de 30” de la marina francesa, que disparaban bombas de 30 kilogramos, pero como en Perú se usaba la medida inglesa, los llamaban de 70 libras (redondeado, porque la conversión daba 66 libras).

El problema de los cañones Voruz, es que tenían un defecto en la espoleta (el detonador del proyectil) que hacían que las bombas estallaran en la boca o dentro del cañón (28); este defecto ocasionó que estallaran cuatro Voruz entre 1866 y 1868. Si bien durante la guerra los Voruz usaron espoletas de los cañones Parrott de 100 libras (el proyectil era parecido) o se fabricaron nuevos en la Factoría de Bellavista, aún quedaban espoletas del lote antiguo. Además del Morro de Arica, la corbeta Unión también usaba los cañones Voruz y su comandante, el capitán de navío Nicolás Portal, se quejó de estos porque su espoleta eran “tan defectuosas que no solo hacen estallar las bombas a corta distancia, sin llegar por supuesto al costado del enemigo sino que exponen la pieza que las dispara pues bien puede verificarse la explosión antes de que el proyectil haya salido del ánima” (29).

Los problemas de espoletas en los cañones Voruz también se revelaron en Arica. Uno de los cañones Voruz del Morro, ubicada por el lado de la Lisera, explotó el 17 de marzo de 1880, durante la ruptura del bloqueo de Arica por la corbeta Unión (30). Por esta razón, la batería en el lado de la Lisera se redujo de cuatro a tres cañones Voruz y así estaba cuando los chilenos tomaron la plaza el 7 de junio de 1880.

Este
Como su nombre lo dice, ubicada al este del pueblo y al sur del Morro, apuntando hacia tierra y no al mar. Constituida para que la plaza pueda resistir un sitio, estaba conformada por tres cañones Voruz.

Ciudadela
Al noreste de la anterior, también para defender al puerto de un ataque por tierra. La batería constaba de un cañón Voruz y dos cañones Parrott de 30 libras. Estos Parrott tenían calibre de 4.2 pulgadas y disparaba proyectiles de 25 libras y 30 libras.

Aún hoy en día, están los fosos de las baterías Este y Ciudadela.

Foso de la batería Este. Foto del autor

NOTA

(1) Mariano Felipe Paz Soldán. 1877. Diccionario Geográfico Estadístico del Perú, pp. 75; 466. Lima, Perú: Imprenta del Estado.

(2) Archivo Histórico de la Marina de Guerra del Perú (AHMGP). Serie: Elementos operaciones, subserie: buques, Transporte Chalaco, documento 65. Parte oficial de Manuel A. Villavisencio al Mayor de Ordenes del Departamento, Mollendo, abril 11 de 1879. Este parte también se encuentra en diarios de la época, pero en vez de cañones de 150 libras lo transcriben como cañones de 250 libras –así también lo transcribe la Recopilación de Ahumada-, lo cual puede haber sido un error intencional para engañar a los chilenos.

(3) AHMGP. Serie: Elementos operaciones, subserie: buques, Transporte Chalaco, documento 62. Oficio del contraalmirante Antonio de la Haza al coronel Director de la Guerra; Callao, abril 3 de 1879

(4) Paz Soldán, Mariano Felipe. 1979. Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, T. II, pp. 184-185. Lima, Perú: Editorial Milla Batres.

(5) Archivo Militar del Perú (AHMP). Año 1879, paquete 4. Comandancia de las baterías de Arica. Oficio del contraalmirante Lizardo Montero al Ministro de Guerra y Marina; Arica, abril 16 de 1879.

(6) Correspondencia para El Comercio; Arica, abril 16 de 1879, en: El Comercio; Lima, Sábado 19 de abril de 1879, 1ª edición de la tarde.

(7) Parte oficial de Enrique Simpson, en: Guerra del Pacífico, Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias y demás publicaciones referente a la guerra que han dado a la luz la prensa de Chile, Perú y Bolivia, conteniendo documentos inéditos de importancia por Pascual Ahumada Moreno. (1884) T. I, pp. 233-234.

(8) Correspondencia para El Comercio; Arica, abril 19 de 1879, en: El Comercio; Lima, Miércoles 23 de abril 1879, Edición de la tarde.

(9) Correspondencia para El Comercio; Arica, abril 23 de 1879, en: El Comercio; Lima, Domingo 27 de abril 1879, Edición única.

(10) Correspondencia para El Comercio; Arica, mayo 7 de 1879, en: El Comercio; Lima, jueves 15 de mayo 1879, Edición de la mañana.

(11) Paz Soldán, Mariano Felipe. 1979. Narración Histórica de la Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, T. I, p. 143.

(12) AHMP. Año 1879, paquete 4. Comandancia de las baterías de Arica. Oficio del contraalmirante Lizardo Montero al Ministro de Guerra y Marina; Arica, mayo 3 de 1879.

(13) “Viaje del General Prado”, correspondencia para El Comercio de Lima; Arica, mayo 7 de 1879, en: El Comercio; Lima, jueves 29 de mayo 1879, Edición de la tarde.

(14) Melitón Carvajal Pareja, 2004. Historia Marítima del Perú, T. XI, vol 1, p. 490. Lima, Perú: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú.

(15) Félix Denegri Luna, 1982. Cartas del general Prado al general La Puerta, p. 265, en: Revista Histórica T. XXXII. Lima, Perú: Academia Nacional de Historia.

(16) Hernán Garrido-Lecca M., 2008. Diario a bordo de la corbeta Unión, p. 128. Lima, Perú: La Casa del Libro Viejo.

(17) AHMGP. Serie: Elementos operaciones, subserie: buques, Transporte Chalaco, documentos 208-210. Oficio de Antonio de la Haza al Director de Marina, Callao, noviembre 26 de 1879.

(18) AHMP. Año 1879, paquete 4. Secretaria General del Supremo Director de la Guerra. Oficio de M. Alvarez al ministro de Guerra y Marina; Arica, agosto 9 de 1879.

(19) AHMP. Año 1879, paquete 4. Secretaria General del Supremo Director de la Guerra. Oficio de M. Alvarez al ministro de Guerra y Marina; Arica, agosto 29 de 1879.

(20) Denegri, Op. Cit., p. 296. Carta del julio 29 de 1879.

(21) AHMP. Año 1879, paquete 4. Baterías de Arica. Oficio de Montero al ministro de Guerra y Marina; Arica, julio 29 de 1879.

(22) AHMP. Año 1879, paquete 4. Baterías de Arica. Oficio de Montero al ministro de Guerra y Marina; Arica, julio 31 de 1879.

(23) Gerardo Vargas Hurtado, 1980. La batalla de Arica, p. 15. Lima, Perú: Comisión Nacional del Centenario de la Guerra del Pacífico.

(24) José Torreblanca, 1879. Descripción y manejo de los cañones Blakely, Armstrong y Vavasseur de las baterías del Callao, pp. 70; 75-76. Lima, Perú: Imprenta del Estado.

(25) J. Pérez, 1880. Arica. Sus fortificaciones, asalto, defensa y ruina, por un testigo y actor, p. 6. Lima, Perú: Imprenta de “La Patria”, dirigida por Manuel A. Lira.

(26) Alejandro L. Holley, 1867. Arillería y Blindaje, traducida al castellano por Diego Dublé Almeida, p. 55. Valparaíso, Chile: Imprenta del Mercurio de Recaredo S. Tornero.

(27) Ibídem.

(28) Melitón Carvajal Pareja, 1992. Historia Marítima del Perú, T. IX, vol. 2, pp. 945-951. Lima, Perú: Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú.

(29) Garrido Lecca, Op. Cit., pp. 86-88. Oficio de Portal de setiembre 21 de 1879.

(30) Pascual Ahumada, 1886. Guerra del Pacífico. Recopilación completa de todos los documentos oficiales, correspondencias i demás publicaciones referentes a la guerra que ha dado a luz la prensa de Chile, Perú i Bolivia conteniendo documentos inéditos de importancia, pp. 421-422; 424. Valparaíso, Chile: Imprenta i Lib. Americana de Federico T. Lathrop.


(31) Holley, Op. Cit., p. 55.

sábado, 27 de mayo de 2017

Algunos apuntes sobre Genaro Delgado Parker


Genaro Delgado Parker. Foto: revista Sí N° 48

La tarde del sábado 27, el escritor y periodista Hugo Coya informó del fallecimiento del empresario Genaro Delgado Parker (1929-2017) en las redes sociales. Él fue uno de los empresarios más importantes del siglo XX, pionero en la televisión y el primero en traer al país la telefonía celular; como broadcaster, tuvo éxito en varios programas que él creó o dirigió. Le dio su primera oportunidad en televisión a Mario Vargas Llosa, a Jaime Bayly y a Gisela Valcárcel, entre otros.

El mayor recuerdo que tengo de él es en una llamada en vivo en el programa de César Hildebrandt en 1998, cuando el periodista renunció en vivo y se fue del set (ver video).


La primera vez que escuché de él era un niño. En la década de 1980, el grupo de empresas que lideraba Genaro Delgado Parker era considerado uno de los más importantes del país. Su hermano Héctor era amigo y asesor del presidente Alan García Pérez (1985-1990), su hermano Manuel era el mandamás de RPP y Genaro dirigía Panamericana TV, que en esa época era el más importante del país. En la Encuesta del Poder que anualmente elaboraba la revista Debate (hoy lo hacen Semana Económica e Ipsos), Genaro Delgado siempre aparecía entre los primeros lugares, pero desapareció este siglo así, como decayó su imagen de empresario exitoso.

El escritor Mario Vargas Llosa conoció a Genaro Delgado Parker cuando trabajó para él en radio Panamericana en 1955. El empresario causó buena impresión en el joven escritor, pues lo convirtió en uno de sus personajes de su novela “La Tía Julia y el escribidor” (1977), presentándolo como un empresario progresista, ágil e innovador.

“Gracias al empuje y a la ambición de Genaro, esta pequeña radio para oyentes de cierto nivel se convertiría en poco tiempo en una de las más prestigiosas del país y en el punto de partida de lo que sería con los años un verdadero imperio audiovisual (a escala peruana)… Nos hicimos amigos con Genaro, quien, pese a ser el jefe supremo, hablaba a todo el mundo de una manera campechana y se interesaba por el trabajo de cada cual, por pequeño que fuese”,(1) escribió el Premio Nobel sobre Genero Delgado en su autobiografía “El pez en el agua” (1993), aunque cambió de opinión sobre él en la campaña electoral de 1990.

“Para entonces, Genaro, viejo conocido y amigo, pasaba por un entusiasta de mi candidatura. La noche del lanzamiento de ésta, en Arequipa, el 4 de junio de 1989, nos regaló un millón de dólares en espacios publicitarios, luego de una discusión con Lucho Llosa, en la que éste lo acusó de ambiguo y oportunista en sus operaciones políticas. Genaro me visitaba de tanto en tanto para hacerme sugerencias y contarte chismes políticos; y para explicarme que si en los noticieros y programas del Canal 5 se me atacaba, era culpa de su hermano Héctor, miembro del partido aprista, íntimo amigo y asesor de la presidencia durante el primer año de gobierno de Alan García…. Desde que trabajé con él, como periodista, aún adolescente, en radio Panamericana, había sentido una irremediable simpatía por Genaro, pero siempre tomé con un grano de sal sus declaraciones de amor político. Pues creo conocerlo lo bastante para saber que su gran éxito como empresario se ha debido no sólo a su energía y talento (que tiene de sobra) sino, también, a su genio camaleónico, su habilidad mercantilista para nadar en el agua y el aceite y persuadir al mismo tiempo a Dios y al diablo de que es hombre suyo”, escribió Vargas Llosa en el “El pez en el agua”.

A fines de la década de 1990, comenzó a deteriorarse la imagen de Genaro Delgado Parker por la falta de pago de algunos de sus trabajadores en sus canales de televisión. En la última década se hizo conocida su frase “las deudas viejas no se pagan y las nuevas hay que dejarlas envejecer” (creo que se lo leí en un reportaje en la revista Poder). En la estupenda biografía “Genaro” escrita por Hugo Coya, el empresario señala que esa frase la escuchó en la década de 1940, en un sketch de radio del cómico Juan Pedro Ureta Ojeda. Lo cierto es que las protestas de sus trabajadores impagos fueron muy difundidas este año y una muy peculiar pasó a la posteridad: en plena trasmisión en vivo de Panamericana, se acerca un hombre a la cámara diciendo “Genaro, págame mi plata”.


En mi colección de revistas y diarios, encontré este reportaje de la revista Sí del 25 de enero de 1988, sobre la compra de acciones de Panamericana TV por parte de los hermanos Delgado Parker. La comparto con ustedes.

sábado, 11 de febrero de 2017

Exportaciones peruanas de cocaína legal a comienzos del siglo XX

Foto: inesacipa.livejournal.com

A diferencia de la marihuana (prohibida desde la Edad Media), hubo una época en que la cocaína era legal, era considerada una maravilla de la medicina moderna y Perú era casi el único proveedor mundial.

Desde la época preincaica, se utilizaba la hoja de coca como un estimulante. Su uso continuó en la época colonial: a los indios les daban coca para que realicen extenuantes trabajos en las minas u otras labores. En 1860, el químico alemán Albert Niemann logró aislar el alcaloide principal de la hoja de coca, a la que llamó cocaína. Después se inició un boom de experimentos, usos y productos de cocaína u hoja de coca, que se usaban para curar la depresión, fatiga, etc.

En 1863 en Francia, Angelo Mariani creó su famoso vino de coca Mariani, que sirvió de inspiración para que J.S. Pemberton creara la Coca Cola en EEUU en 1886 (1). El padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, usó la cocaína para tratar el alcoholismo y las adicciones a la morfina (2).

Bastante interesante es la información sobre producción peruana de cocaína recopilada por Alejandro Garland, quien en 1905 escribió: “sólo se ha establecido, hasta ahora, fábricas de cocaína en el Perú, con lo cual queda dicho que esta industria es exclusivamente peruana” (1).

La época de mayor auge de la cocaína legal en el Perú fueron los primeros años del siglo XX. Garland describió que habían 22 fábricas de cocaína en el país: “… En Cajamarca existe una pequeña instalación en la hacienda «Marcamachay» provincia de Cajatambo, dos en el departamento de La Libertad. El de Huánuco cuenta con 12 instalaciones inclusive la que existe en la montaña de Pozuzo. En la montaña de Huanta también se han instalado dos oficinas y además existen dos fábricas en Lima, una en el Callao y otras dos en el Cusco”(2).


SURGIMIENTO DE LA COCAÍNA CRUDA Y ESTADÍSTICAS

En verdad lo que Perú producía era cocaína cruda, cuyas exportaciones se iniciaron después de la guerra con Chile (1879-1884) y representaron un alivio para deprimida economía nacional. La cocaína cruda era parecida a la hoy conocida pasta básica de cocaína (PBC), con una pureza de sulfato de cocaína de 80% - 96%. A modo de comparación, el PBC y el crack (obtenido a partir de precipitación alcalina del clorohidrato de cocaína) contienen sulfato de cocaína de 40% a 90%, aunque en esa época, a nadie se le había ocurrido fumar cocaína cruda.

¿Cómo se obtuvo la cocaína cruda? Perú exportaba hoja de coca, pero debido al largo viaje por mar a Europa (aunque no demoraba tanto como Serpost hoy en día) esta no llegaba en buenas condiciones a los laboratorios para la producción de cocaína. Fue el farmacéutico Alfredo Bignon, propietario de la Botica Francesa en el centro de Lima, quien en 1885 inventó un método económico para procesar la hoja coca en el mismo campo de cultivo utilizando kerosene y soda cáustica, insumos fáciles de conseguir en el Perú del siglo XIX. El sulfato de cocaína o cocaína cruda obtenida por el método de Bignon, llegaba en buenas condiciones en Europa, en donde se refinaba en clorohidrato de cocaína. La ventaja principal era la reducción de costos: cada kilo de cocaína cruda representaba entre 160 y 180 kilos de hoja de coca (el kilo de PBC representa unos 150 kilos de hoja de coca). El actual método de maceración de hojas de coca para convertirla en PBC, se basa en el antiguo método de Bignon (5).

También en 1885 surgió la Comisión de la Coca, conformada por científicos peruanos liderados por José Casimiro Ulloa, que promovió el método de Bignon e “incitaba en forma terminante la producción peruana de la droga para exportar cocaína cruda, y no sólo coca, elíxires de coca y similares” (6).

Habría que señalar que en Perú se cultivaban dos variedades de hoja de coca: la Erythroxylum coca y la Erythroxylum novogranatense. La primera  que se cultivaba principalmente en Huánuco y era destinada a la producción de cocaína, y la segunda, llamada variedad Trujillo aunque cultivada en Otuzco y Huamachuco, tenía menos alcaloide y era destinada principalmente para elaborar elíxires de coca.

Para la década de 1890, Perú exportaba cantidades importantes de cocaína cruda y hoja de coca. Debido a las políticas proteccionistas de EEUU, los laboratorios norteamericanos (Merck & Co., Parke-Davis, Squibb) no importaban cocaína cruda, sino hoja de coca a partir de la cual recién elaboraban cocaína. En cambio, los laboratorios alemanes (Merck, Boehringer, Gehe, Riedel, Knoll) y franceses (Houdé, Midy) en menor medida, importaban cocaína cruda para refinarla y convertirla en clorohidrato de cocaína. La alemana Merck of Darmstadt se convirtió en el mayor productor mundial del polvo blanco (7).

Foto: MerckGroup.com

También la hoja de coca importada por EEUU y Francia iba a destinada a la elaboración de bebidas, elíxires, etc. En 1903, Coca Cola retiró la cocaína de la fórmula de su bebida gaseosa, pero se asoció con Maywood Chemical Works (hoy Stepan Company) para que la abastezca de extracto de hoja de coca (descocainizada desde 1907) para la Coca Cola. Es curioso que Maywood Chemical haya sido fundada por el químico alemán Louis Schaeffer, quien tuvo un fracasado proyecto de producción de cocaína cuando vivió en Lima años atrás. (8).

Para 1905, el valor de las exportaciones de hoja de coca y cocaína sumaba £ 206,426 y eran el octavo producto de exportación del país por detrás del azúcar, caucho, cobre, lana, algodón, plata y guano (9). Las exportaciones peruanas de hoja de coca y cocaína están en el siguiente cuadro.


LOS PRINCIPALES PRODUCTORES PERUANOS

Es el historiador norteamericano Paul Gootenberg quien mejor ha investigado el tema. Él señala como uno de los principales productores de cocaína a Alfredo Pinillos Hoyle, principal accionista de la casa comercial Pinillos, Goicochea & Cía., además de un importante político del norte del país. Pinillos tenía una fábrica de cocaína en Trujillo en sociedad con Martín Ayllón. Pinillos también firmó un contrato a largo plazo con Maywood Chemical para ser su proveedor exclusivo de hojas de coca destinada a la producción de un ingrediente para la Coca Cola. Otra fábrica de cocaína en Trujillo fue la de Teófilo Vergel (10).

El departamento de Huánuco albergó la mitad de fábricas de cocaína, lo que repercutió en el auge económico de la ciudad de Caballeros de León de Huánuco. Gootenberg señala una élite de familias cocaleras asentadas en el distrito de Chinchao: Repetto, Ramírez, Sara Lafosse, Funegra, Lambruschini, Cavalié, Malpartida, Mori y Ampudia. Quienes fueron protagonistas en la producción de cocaína fueron los inmigrantes croatas Juan Antonio Plejo y Salvador Nesanovich (ganador de una medalla de bronce por su cocaína en la Feria de Saint Louis de 1904); los yugoeslavos Juan Boyanovich y Manuel y Esteban Marinovich, el español José Mas, y los peruanos Juan Languasco, los hermanos Montero y los hermanos Augusto, Gregorio y Juan Durand, siendo estos últimos los principales productores. Las fábricas o talleres de cocaína se ubicaban en las haciendas del Chinchao, Derrepente y Monzón -además de una en Pozuzo-, siendo la más grande la ubicada en el anexo Éxito de la hacienda San Carlos (Chinchao) de los Durand. Algunos talleres contaban con líneas telefónicas que la conectaban con Huánuco (11). 

Augusto Durand no solo fue el más importante empresario de la cocaína de esa época, también compró el diario La Prensa en 1915 y fue uno de los políticos más importantes del Perú de fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Gran opositor al Gobierno de Augusto B. Leguía (1908-1912; 1919-1930), su hermano Juan y él fueron deportados en 1919, sus negocios en Huánuco fueron allanados y su diario fue expropiado en 1921. En 1923, Augusto Durand regresó al Perú de forma clandestina, con la finalidad de ejecutar un plan revolucionario contra Leguía en colaboración con jefes de la escuadra, pero el 26 de marzo fue arrestado enfermo (una hernia por herida de bala de cuatro años antes) y falleció el 31 de ese mes, cuando era conducido al Callao en el crucero Grau. (12)

DECLIVE DEL NEGOCIO DE LA COCAÍNA LEGAL

El boom de la cocaína empezó a declinar con el surgimiento a inicios del siglo de políticas antidrogas en EEUU que después de la Primera Guerra Mundial, la promovió a nivel mundial a través de la Liga de las Naciones (antecedente de la ONU). Según Gootenberg, estas surgieron tras el uso de la cocaína “por placer o para fines no médicos”, pero también como un asunto racial: “se hablaba de los violentos cocainómanos negros” y “de proveedores judíos que andaban por doquier” (13).

También el declive del negocio peruano se debió al surgimiento de la competencia. La Java holandesa (isla que hoy forma parte de Indonesia) inició la exportación masiva de hoja de coca y cocaína cruda a partir de 1905, desplazando a los productos peruanos de EEUU y Europa. La cocaína cruda peruana –prohibida en EEUU- rivalizaba ahora con la coca de Java para abastecer a los laboratorios alemanes. Ya en 1900, con apoyo estatal, se había establecido en Ámsterdam la Neerlandsch Cocainfabrieck (NCF), que pirateando patentes alemanas, se convirtió en la mayor productora mundial de cocaína, afectando la producción de los laboratorios alemanes. Para 1920, la coca de Java satisfacía la demanda mundial de los laboratorios pero luego su producción bajó cuando los Países Bajos aceptó las políticas de control sobre la cocaína (14).

La naciente industria farmacéutica japonesa también rivalizó con su par alemana en la producción de cocaína. A principios de la década de 1920, Sankyo Pharmaceuticals se convirtió en uno de los mayores productores de cocaína, importando cocaína cruda de la colonia japonesa de Formosa (Taiwan) o de la Java holandesa. Otra productora japonesa de cocaína, Hoshi Pharmaceuticals, compró la hacienda Tulumayo en el valle del Huallaga en 1917, aunque por presión de EEUU, el Estado peruano la expropió en 1938, con lo que terminó las importaciones de cocaína cruda peruana por parte de los laboratorios japoneses (15).

De 22 fábricas de cocaína en 1905 en Perú, se pasó a seis en 1923. Para 1911 estaban cerradas las fábricas de Pozuzo, Cusco, Huanta, Lima y Callao.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, los mayores productores de cocaína eran Alemania y Japón. Al terminar la guerra, estos países adoptaron las políticas de prohibición de cocaína de EEUU, con lo que Perú quedaba casi aislado, sólo exportando pequeños lotes de sulfato de cocaína a laboratorios de Francia y Gran Bretaña. La dictadura de Odría, amigable con la diplomacia estadounidense, prohibió la producción cocaína en 1949. Para ese entonces, solo operaban en Huánuco la fábrica de Obraje de Andrés Soberón –quien era también el mayor productor- y en Trujillo las fábricas de las familias Vergel y Ayllón (16).

Hoy en día, a través de la Empresa Nacional de la Coca (Enaco) se sigue exportando, legalmente, hojas de coca para la Coca Cola y cocaína para fines médicos (anestesia para operaciones oculares), pero estas no llegan ni a la décima parte de lo que fue en su apogeo. De acuerdo a las estadísticas publicadas por Sunat, las exportaciones de cocaína no superan los 400 kilos al año y las de hoja de coca en el último lustro, ha sido alrededor de 136 mil kilos anuales.

NOTAS

(1) Cervera, César. (03/10/2016). Vin Mariani, la bebida compuesta de cocaína que adoraban el Papa León XIII, Thomas Edison y Verne. España: ABC. Recuperado de http://www.abc.es/historia/abci-mariani-bebida-compuesta-cocaina-adoraban-papa-leon-xiii-thomas-edison-y-verne-201610030339_noticia.html

(2) Markel, Howard. (26/07/2011). El problema de cocaína de Sigmund Freud. México. Expansión en alianza con CNN. Recuperado de http://expansion.mx/salud/2011/07/26/el-problema-de-cocaina-de-sigmund-freud

(3) Garland, Alejandro. 1905. Reseña Industrial del Perú, p. 143. Lima, Ministerio de Fomento.

(4) Ibídem.

(5) Gootenberg, Paul. 2010. La invención de la cocaína: La historia olvidada de Alfredo Bignon y la ciencia nacional peruana (1884-1890), pp. 38-43; 66. 

(6) Gootenberg, Paul. 2003. Entre la coca y la cocaína: Un siglo o Más de las Paradojas de la Droga entre Estados Unidos y el Perú, 1860-1980, p. 12. Lima, Perú: Instituto de Estudios Peruanos.

(7) Gootenberg, Paul. 2016. Cocaína Andina. El proceso de una droga global, pp. 110-115. Lima, Perú: La Siniestra Ensayos, Universidad Nacional de Juliaca.

(8) Ibíd, pp. 280-284.

(9) Garland, Alejandro. 1908. Peru in 1906 an after, translated into english by George R. Gepp, pp. 264-265. Segunda Edición. Lima, Perú: Imprenta oficial La Industria.

(10) Gootenberg, Cocaína Andina. El proceso de una droga global, pp. 131-132.

(11) Ibíd, pp. 138-147.

(12) Basadre Grohmann, Jorge. 2014. Historia de la República del Perú (1822-1933), T. 14, pp. 37; 54; 65; 90-93.

(13) Gootenberg, Entre la coca y la cocaína: Un siglo o Más de las Paradojas de la Droga entre Estados Unidos y el Perú, 1860-1980, pp. 16-17.

(14) Gootenberg, Cocaína Andina. El proceso de una droga global, pp. 186-190.

(15) Ibíd, pp. 191-194.

(16) Ibíd, pp. 228-236.

lunes, 23 de enero de 2017

La Cripta de los Héroes es para quienes lucharon en la Guerra de 1879

Cripta de los Héroes de la Guerra de 1879. Foto: Commons Wikimedia

Le toca al Congreso corregir su error

El último domingo 22 leí en El Comercio que lo restos del mayor EP Luis Alberto García Rojas ingresarán a la Cripta de los Héroes en el Cementerio General Presbítero Maestro el próximo 29 de enero (1). No estoy de acuerdo con este acto porque se desnaturalizaría la creación de la Cripta.

La llamada Cripta de los Héroes es específicamente para los héroes de la Guerra con Chile. Fue creada por el Congreso de la República mediante la Ley N° 398 en diciembre de 1906 (1) cuyo único artículo dice lo siguiente:

“Vótase en el próximo presupuesto general de la república, la suma de ocho mil libras para erigir en el cementerio de esta capital una capilla fúnebre en que se depositarán los restos de los defensores de la Nación que sucumbieron en la última guerra exterior” (ver imagen).

Ley N° 398

Como se lee, la Cripta fue creada para quienes murieron en la “última guerra exterior”, que en ese entonces era la Guerra con Chile (1879-1884). Inclusive en su entrada, dice “La Nación a sus defensores en la Guerra de 1879”. No dice en el Conflicto del Cenepa o Guerra con España, por citar alguna guerra del siglo XIX, sino Guerra de 1879.

El historiador Jorge Basadre Grohmann, que era un niño cuando se creó la Cripta de los Héroes, escribió lo siguiente sobre el mausoleo, como para que no queden dudas que es para quienes lucharon en la Guerra con Chile o Guerra del Pacífico:

“Los restos de los héroes de la guerra del Pacífico habían sido depositados en el mausoleo de Ramón Castilla. En agosto de 1904 se autorizó el traslado de ellos a otras tumbas por los destrozos que un temblor reciente había ocasionado en el mausoleo. Una capilla fúnebre especial fue mandada erigir, por la ley N° 398… Las emocionantes ceremonias realizadas con motivo de su inauguración el 8 de setiembre de 1908 fueron similares, en cierto sentido, al homenaje tributado a Bolognesi años antes y vivificaron el recuerdo de una época que todavía era evocada con devoción y con el propósito de no volver a incurrir en los errores y en los pecados que habían costado el sacrificio de tantos hombres buenos” (3).

Al principio, solo iban a la Cripta quienes murieron en la Guerra. Luego se permitió el ingreso de los restos de quienes sobrevivieron a la guerra, como Andrés A. Cáceres, aunque algunos ingresos fueron polémicos, como el de Miguel Iglesias -bajo cuyo gobierno se firmó el Tratado de Paz de Ancón-, autorizado durante el último Gobierno de Alan García Pérez (4), porque muchos no lo consideran héroe y no ha sido declarado como tal.

¿CÓMO LLEGÓ EL HÉROE DEL CENEPA A LA CRIPTA DE LOS HÉROES DE LA GUERRA DE 1879?

Fue el Congreso el culpable, mediante Ley N° 28682 en el verano del 2006 (5). En ella, declaró Héroe Nacional a Luis Alberto García Rojas, ordenaron que se le erija un monumento en la capital y en Chiclayo y que sus restos ingresen a la Cripta de las Héroes (ver imagen).

Ley N° 28682

El Congreso se excedió, porque a quien le corresponde decidir quien es héroe es al Consejo Nacional de Calificación de Acciones Heroicas, creada hace 20 años por la Ley N° 26841 y cuyo reglamento específica que su presidente es el Ministro de Defensa (Decreto Supremo N° 049-DE/SG de 1999), no un congresista. Por lo tanto, estuvo mal el Congreso cuando hace 11 años le confirió el título de héroe a Luis Alberto García Rojas. En todo caso, si lo declaró héroe, tampoco le correspondía al Congreso el desatino de disponer que sus restos ingresen a la Cripta de los Héroes.

Desde su creación, el Consejo Nacional de Calificación de Acciones Heroicas no ha nombrado héroe a nadie. Es mas, no encuentro que personajes como Andrés Avelino Cáceres, Francisco Bolognesi y Miguel Grau hayan sido calificados de héroes por el Congreso de la República como este sí lo hizo, demagógicamente, con  Luis Alberto García Rojas.

En el caso de Francisco Bolognesi solo encontré que la Ley N° 25128 del año 1989 (cuyo proyecto inicial fue presentado en 1967) lo nombró Gran Mariscal del Perú y Miguel Grau fue nombrado Gran Almirante del Perú por la Ley N° 16730 de 1967. Le corresponde al Consejo Nacional de Calificación de Acciones Heroicas calificar de héroe a Luis Alberto García Rojas y no lo ha hecho.

LUIS ALBERTO GARCÍA ROJAS NO ES EL ÚNICO HÉROE FUERA DE LA CRIPTA

El caso de Luis Alberto García Rojas puede ser análogo a la del capitán GC Alipio Ponce Vasquez, declarado Héroe Nacional por Ley N° 24658 de 1987 (ver imagen). La misma ley promovida por el Ejecutivo, disponía que sus restos se trasladen a la Cripta de los Héroes de la Guerra de 1879, pero esto no se ha cumplido para reservar el mausoleo a quienes lucharon en la Guerra con Chile.

Ley N° 24658

Otro caso diferentes es el del máximo héroe de la Aviación Nacional. José Abelardo Quiñones fue calificado de Héroe Nacional por Ley N° 16126 de 1966, pero la ley no dispuso trasladar sus restos a la Cripta de los Héroes.

Actualmente, en la Cripta de los Héroes hay placas conmemorativas de José Quiñones y Alipio Ponce, quienes murieron en la Guerra con Ecuador de 1941, pero no son los únicos. La misma resolución que determinó el ingreso de los restos de Miguel Iglesias a la Cripta de los Héroes, también dispuso “una placa que guarde la memoria del teniente César Pinglo Pinglo y del Sargento 2° Bernardo Villalta Luna, héroes del Ejército del Perú, caídos en acción de armas en el combate de La Pedrera del 11 de julio de 1911”.

LA SOLUCIÓN

Le corresponde a este Congreso derogar la Ley N° 28682 y esperar a que el Consejo Nacional de Calificación de Acciones Heroicas decida calificar como Héroe Nacional al mayor Luis Alberto García Rojas. Por el momento, se puede colocar una placa conmemorativa de García en la Cripta de los Héroes, como existen las de los héroes que no murieron en la Guerra con Chile: Quiñones, Ponce, Pinglo y Villalta.

Por otra parte, el Consejo Nacional de Calificación de Acciones Heroicas y el Ministerio de Defensa deben considerar construir otro mausoleo para quienes murieron en otras guerras que tuvo el Perú. Recordemos que el Conflicto del Cenepa fue el último conflicto que tuvimos con Ecuador, pero antes tuvimos otros conflictos con ese país, el más importante sin duda, el de la Guerra de 1941. Hoy en día aún sobreviven algunos de los antiguos combatientes de 1941, recordados en la página de Facebook de Carlos Mendoza.

Además de conflictos con Chile y Ecuador, a lo largo de su historia, Perú tuvo varias guerras que suman miles de muertos, como con Colombia (1911 y 1933), España (1866), Bolivia (1835) y la Gran Colombia (1828-29). Por eso existe la necesidad de construir un nuevo mausoleo para quienes lucharon en guerras diferentes a la Guerra con Chile, como José Gálvez, José Boterín, Juan José Panizo, Manuel Clavero, etc., y para Luis Alberto García Rojas.

NOTA

(1) Paz Campuzano, Óscar. “El héroe del Cenepa a un paso de la gloria”, en El Comercio, domingo 22 de enero del 2017. La versión web puede verse aquí.

(2) Ley N° 398 Capilla fúnebre (ver aquí)

(3) Basadre Grohmann, Jorge. 2014. Historia de la República del Perú, T. XII, p. 104.

(4) Resolución Suprema N° 254-2011-DE/

(5) Normas Legales de El Peruano, sábado 11 de marzo del 2006 (ver aquí)


lunes, 16 de enero de 2017

Niños mendigos en Lima en 1881


Foto: Fidel Carrillo/Perú21

En el siglo XIX ya existía en Perú un grave problema de trabajo infantil forzoso, ausentismo escolar, mendicidad y delincuencia infantil; no es algo que proviene del siglo XX como muchos piensan. Diversas noticias en los diarios de la época dan cuenta de este problema.

En el verano de 1879, un niño de ocho fue acusado de ladrón.

“Estremece imaginar lo que será cuando sea hombre una criatura que á los ocho años de nacida ha tenido que purgar hazaña semejante, en la que no haya tal vez otra cosa que la punible indiferencia de madres que no merecen serlo”.(1)

Si existían problemas de delincuencia infantil, debemos suponer que también había el problema de trabajo infantil forzoso.

La crisis originada por la guerra con Chile (1879-1884) causó un aumento de mendigos. La pluma del literato Abelardo Gamarra, nos dejó la siguiente crónica en el verano de 1880:

“Mendigos- La policía ha recojido el sábado algunos mendigos, que siguiendo la antigua costumbre de limosneros en este dia, van de puerta en puerta implorando la caridad pública.
Han sido conducidos al hospicio.
Esta medida debe ser empleada todos los sábados”.(2) 

Ya con la capital ocupada por los chilenos (1881-1883), surgió el problema de ausentismo escolar:

“Niños.- Hoi también han sido llevados a las escuelas municipales, algunos niños por estar vagando por las calles de la poblacion entretenidos en juegos ajenos de su edad i de sus circunstancias.
Hai necesidad de tomar algunas otras precauciones con respecto a estos niños, pues sus padres o apoderados, los reclaman con tenacidad i los preceptores se ven en la dura necesidad de tener frecuentes molestias.
¿No sé podrá evitar este modo de correjir a los niños vagos?”.(3)

Revisando las noticias de esa época, encontré una crónica de enero de 1882 que se basa en la mendicidad, pero narra el caso de niños explotados por adultos para mendigar. Me pareció increíble que los niños contaran que su padre falleció en la batalla de Miraflores (la batalla en donde fallecieron más limeños) para pedir limosna y también que los niños sean explotados por mujeres que se hacen pasar por sus madres. Recuerdo que la primera vez que vi esto último en la prensa fue en un reportaje del programa televisivo de Hildebrandt allá por 1999, en donde las mujeres alquilaban niños para pedir limosna. También hace algunos años salió un reportaje similar en la prensa.(4)

La crónica fue publicada en un diario subsidiado por el Ejército chileno, pero parece cierta, en base a las noticias previas que ya se estaban dando en relación a este problema. El artículo a continuación:

Los mendigos en Lima.- Creemos  que en ninguna otra ciudad del mundo hai tantos mendigos como en Lima. El estudio que puede hacerse de ellas es algo curioso.

Los mendigos en las calles de Lima se dividen en varias categorías: los hai ciegos, mancos, cojos i esqueletizados, los cuales parecen llevar en la frente el sello de la desgracia, i estar autorizados para invadir los portales, las puertas de los templos i los lugares de paseo.

Los hai también de circunstancias, es decir, por el estado de crisis en que la industria se encuentra; i estos no piden a todo el mundo como los demás mendigos, sino que escojen a las personas que más fáciles les parece de engañar; i, sea dicho de paso, raras veces se equivocan.

Algunos de ellos se proporcionan una renta de ocho o diez soles diarios.

Hay también ciertas mujeres que, con el título de madres de familia infelices, arrastran con ellas a unos niños que en nada les pertenecen; el pilluelo sucio que cuenta que su padre murió en Miraflores i su madre se encuentra ya agonizante en el hospital de Santa Ana; el militar herido combatiendo por la patria i que, sin embargo no se batió en parte alguna; i la niña de 7 á 8 años, delgada, harapienta, sucia, demacrada, embrutecida, i a quien sus padres obligan a salir de limosnera, con el cargo de llevarles cierta cantidad por la noche.

Los flautistas de la quena que entrando de casa en casa, van pidiendo una limosna en cambio de una sonata.

Los linces estafadores que piden a domicilio. Estos proporcionándose una lista de todas las personas caritativas, con su dirección respectiva, anotan en un rejistro los nombres de los que ya han embaucado, con la fecha en que lo hicieron, para no volver a pedirles. Pero algunas veces mandan a un compañero de industria a la casa en que fueron socorridos, para repetir el golpe, cuyo producto dividen por mitad entre ambos socios.
Hai además, otra clase de limosneros religiosos, que salen con una imagen de Jesús o de la Virjen, i que van de casa en casa, por los barrios apartados, pidiendo para las misas en que solo ellos consumen el pan i la sangre de otros.

¿Podría la policía poner coto a estos abusos?” (5)

NOTA

(1) El Comercio. Lima, miércoles 5 de febrero de 1879. Interior, Callao.

(2) El Nacional. Lima, lunes 26 de enero de 1880. Crónica local.

(3) La Situación. Lima, setiembre 13 de 1881. Crónica.

(4) Ángel Arroyo. “Mafias alquilan a niños a S/.5 para que mendiguen en calles”, en Perú21. Domingo 26 de mayo del 2013. Se puede leer aquí.

(5) La Situación. Lima, enero 14 de 1881. Crónica.