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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

domingo, 18 de enero de 2009

La Ocupación de Guayaquil



Durante la guerra que Bolívar le declaró al Perú, una de las victorias peruanas más importantes fue la ocupación de Guayaquil, cuya plaza se rindió a la Marina de Guerra del Perú después de un bloqueo de casi 3 meses.


En los combates de Guayaquil había muerto el vicealmirante Guisse el 24 de noviembre de 1828, pero el bloqueo de Guayaquil no aflojó y el puerto empezó a ser abandonado. El coronel colombiano Daniel O’Leary escribía:

“Guayaquil es un desierto. No se ve en la calle una persona decente; sólo las familias de la viuda y de las Garaycoas están aquí” (1).
(Imagen: José Boterín. Pintura del Museo Naval del Perú “Capitán de Navío Julio J. Elías Murguía” )

La escuadra peruana que bloqueaba Guayaquil se componía de 3 buques: la fragata Presidente, la corbeta Libertad y la goleta Peruviana. Todos estaban al mando del teniente 1° José Boterín, el marino más joven que se ha hecho cargo de la escuadra en la historia de la Marina de Guerra del Perú.

Los colombianos contaban con la goleta Guayaquileña y los bergantines Adela y Potrillo. El 6 de diciembre de 1828, los colombianos pusieron a flote dos brulotes para hundir a los buques peruanos, utilizando dos pequeñas naves llamadas Serafín y Caupolicán. El resultado fue desastroso como lo escribió O’Leary:

“Nuestros brulotes se convirtieron en burlotes. Pasé dos malas noches a bordo, pero sin objeto. Uno de los brulotes se fue a pique, los prácticos que debían conducirlos se echaron al agua aterrorizados, creyendo que el diablo se los iba a llevar” (2).

El 15 de diciembre Boterín envío una expedición al Morro con un oficial y 12 soldados para sorprender al Comandante Militar y 8 soldados, logrando que se subleve todo el pueblo a favor de Perú, formándose una montonera con 100 hombres armados sólo de lanzas (3).

Bolívar decidió reforzar la escuadra colombiana en Guayaquil, pero era muy tarde. El 6 de enero de 1829 le escribía a Paéz:

“La fragata Colombia debe haber salido el 13 de diciembre de Cartagena para Puerto Cabello. Allí debe ser socorrida de todo lo necesario para un viaje de 6 meses y debe salir en convoy con un bergantín de guerra perfectamente equipado” (4).

Para el 11 de enero de 1829, la guarnición colombiana de Guayaquil se había reducido al batallón Ayacucho y dos compañías de artillería (5). Esto se debía a que la situación se complicaba en Guayaquil por la falta de víveres y por la invasión a territorio colombiano por el Ejército del Perú al mando del Presidente La Mar. Para esa época, la escuadra peruana fue reforzada por los siguientes buques: la corbeta Pichincha, bergantín Congreso y la goleta Arequipeña, además contaba con 8 lanchas cañoneras.

El 15 de enero, Daule se subleva a favor de Perú. Los rebeldes Domingo Iglesias y el capitán Avellanet matan al Comandante Militar Luis Dávalos. Las fuerzas sutiles peruanas pasaron a situarse en las embocaduras de los ríos Daule y Babahoyo.

Boterín intima el 13 de enero la rendición de Guayaquil a su Intendente, el general Illingworth, marino británico al servicio de Colombia. Este envía a Boterín dos parlamentarios: los coroneles Manuel Antonio de Luzurraga y Juan Ignacio Pareja. El 19 de enero arribó a Guayaquil el capitán de navío Hipólito Bouchard en la fragata transporte Monteagudo mientras continúan las conversaciones en la goleta Arequipeña. Bouchard había sido nombrado como Comandante en Jefe de la escuadra peruana en reemplazo de Guisse. Al final, la noche del 19 se acuerda un armisticio de 10 días, dentro del cual, si ninguna de las partes tenía noticia de una batalla entre los ejércitos de Colombia y Perú, las fuerzas colombianas abandonarían Guayaquil. El acuerdo fue ratificado el 20 de enero por Hipólito Bouchard y Juan Illingworth. Como no llegó ninguna noticia a la ciudad, Illingworth se retiró con sus fuerzas, conformadas por el batallón Ayacucho y parte del batallón Girardot, este último llegado en los últimos días, hacia el norte por la vía del Daule.

Illingworth escribió en su parte al general Juan José Flores lo siguiente:

“En tan críticas circunstancias; cortados todos los recursos, y la comunicación de los pueblos, sin poder rescatar ni un solo soldado por las continuas amenazas enemigas, temiendo la introducción de armas y de la oficialidad de la tercera División, me vi precisado a oír la última invitación del jefe enemigo, a fin de entrar en una transacción que me diese el tiempo necesario, bien para salvar esta guarnición, bien para disminuir los nuevos peligros que me rodeaban; y como cada hora se producían eventos que angustiaban más y más mi situación, no fue posible conseguir otras condiciones, que las que constan en el convenio que en copia tengo que acompañar a usted” (6)

La ocupación de Guayaquil por la marina peruana fue el golpe más rudo que recibió Colombia en esta guerra. Al respecto, Daniel O’Leary escribió lo siguiente:

“La pérdida de Guayaquil nos ha acarreado grandes males; pero era una consecuencia natural de nuestra falta de marina en el Pacífico. Ahora no es tiempo de llorar las faltas que hemos cometido. Pensemos sólo en remediarlas. La posición geográfica del Perú desde un punto de vista militar, es tan superior a la nuestra, que sin exageración puedo decir que la derrota de su ejército le será menos perjudicial que la victoria a nosotros” (7).

Esta victoria peruana está olvidada, pero se debe saber que fue uno de los primeros triunfos en guerras internacionales que tuvo Perú y que los nombres de José Boterín, Manuel Sauri, Juan José Panizo, José María Salcedo, Francisco Forcelledo, Elcorrobarrutia y otros jóvenes marinos deben ser recordados en el futuro por su valeroso logro.

Notas
(1) Daniel Florencio O’Leary. 1952. Memorias del General O’Leary, T. III, pp. 429 – 430. Carta de O’Leary a Sucre del 6 de diciembre de 1828.
(2) Ibídem.
(3) Félix Denegri Luna. 1976. Historia Marítima del Peru, T VI, pp. 238 – 239. Parte oficial de José Boterín al Secretario General.
(4) Mariano Sánchez Bravo. 2004. Historia Marítima del Ecuador, T. XI, Primera Parte, p. 157.
(5) O’Leary, Op. Cit., pp. 438 – 440. Carta de O’Leary a Bolívar del 11 de enero de 1829.
(6) Sánchez, Op. Cit., pp. 158 – 159. Parte oficial del Comandante General de Guayaquil al Jefe Superior del Sur de Colombia.
(7) O’Leary, Op. Cit., pp. 445 – 447. Carta de O’Leary a Estanislao Vergara del 21 de febrero de 1829.

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