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Ingeniero en Industrias Alimentarias de la Universidad Nacional Agraria La Molina, pero que se dedica a un montón de cosas, como escribir en sus ratos libres. Gusta de política, economía, fútbol, música, entre otros. Hobby principal: investigación histórica, principalmente a la Guerra con Chile, aunque también investiga sobre el desarrollo de las empresas peruanas en la actualidad. Es coautor del libro "La Última Resistencia. La batalla en el Morro Solar de Chorrillos el 13 de enero de 1881". Si desean adquirirlo, escribir al e-mail elinaresm@hotmail.com

jueves, 22 de septiembre de 2016

Batalla de Curupayty: la efectividad de la artillería paraguaya

Ataque de la primera columna brasileña a Curupayty. Pintura de Cándido López

En un post anterior, expliqué como fue la batalla de Tuyutí (24/05/1866), la mayor batalla que hubo en la Guerra de la Triple Alianza y también fue la más grande Latinoamérica. Cuatro meses después se llevó a cabo la batalla de Curupayty, la batalla en donde hubo el mayor uso de artillería en Latinoamérica y que fue el mayor triunfo paraguayo en la guerra. Fue la última batalla donde estuvieron presentes los presidentes de Paraguay, Argentina y Uruguay.

REORGANIZACIÓN DEL EJÉRCITO PARAGUAYO Y REANUDACIÓN DE LA GUERRA

El ejército paraguayo quedó diezmado después de la batalla de Tuyutí y su principal obstáculo para recuperarse fue la caída demográfica que vivía Paraguay a consecuencia de la guerra. El presidente de Paraguay, el mariscal Francisco Solano López, reorganizó el ejército, “hizo venir seis mil esclavos, y los distribuyó en diferentes cuerpos. Habiéndose presentado 200 indios paraguás, López los destinó a la artillería pesada”.(1) Para fines de junio de 1866, el ejército paraguayo ya contaba con 20 mil hombres, pero en su mayor parte conformados por ancianos, niños y soldados dados de alta de los hospitales.(2)

El ejército aliado (Argentina, Brasil y Uruguay) contaba con más de 30 mil hombres, pero no movió sus líneas más allá de Tuyutí. En cambio, López abrió campaña nuevamente contra los aliados en julio de 1866, se produjeron varios combates y batallas, ganando los aliados la mayoría de ellas.

El 1° de septiembre la marina brasileña, al mando del almirante Joaquim Marques Lisboa -vizconde de Tamandaré-, inició el bombardeo a la batería paraguaya de Curuzú, una posición cercana a las avanzadas paraguayas ubicadas en Curupayty y a la fortaleza de Humaitá, el punto donde se concentraba la defensa paraguaya. Al día siguiente, el 2° Cuerpo del ejército brasileño al mando del general Manuel Marques de Sousa -barón de Porto Alegre-, compuesto por 8,132 hombres,(3) desembarcó en las Palmas y subiendo por la margen izquierda del río Paraguay, acampó frente a Curuzú. Ese mismo día, el blindado Rio de Janeiro fue hundido por un torpedo (4) mientras bombardeaba a las baterías paraguayas, siendo el único blindado brasileño hundido durante la guerra. El día 3 las fuerzas brasileñas tomaron Curuzú y pudieron tomar las posiciones paraguayas en Curupayty, situado a 2 Km, pero no avanzaron más.(5)

CONFERENCIA ENTRE MITRE Y LÓPEZ

Después de la caída de Curuzú, los paraguayos sufrían constantes bombardeos en su posición en Curupayty, cuya distancia entre ambas era menos de 3 Km. Recién el sábado 8 de septiembre se empezó abrir las trincheras “que tendría 2,000 yardas de largo”.(6) Bajo estas circunstancias, el mariscal López invitó al presidente de Argentina, y jefe del ejército aliado, el general Bartolomé Mitre, a una conferencia, para evitar un golpe de gracia o “ganar tiempo para fortificar Curupayty”.(7)

Mientras en el campo aliado, las relaciones entre el general Mitre y el almirante brasileño Tamandaré, jefe de la escuadra brasileña (ni Argentina ni Uruguay tenían buques de guerra en el río Paraguay) no eran nada buenas, lo que sin duda alguna, tuvo influencia en las operaciones de la guerra. Mitre no podía imponerse porque no tenía ningún mando sobre Tamandaré, sin embargo, en la junta de guerra del 8 de septiembre, cuando planeaban como atacar Curupayty, Tamandaré “ofreció la más eficaz cooperación de la escuadra, comprometiéndose de la manera más formal a batir las baterías a tiro de metralla y, destruídas las baterías del río, colocar sus buques en una posición de donde se enfilara la batería de tierra, inutilizar toda la artillería y barrer o conmover a sus defensores para evitar la efusión de sangre de los asaltantes”.(8) Es así, cuando los aliados estaban alistándose para atacar Curupayty, se solicitó la entrevista.

La conferencia entre ambos presidentes se efectúo el 12 de septiembre en Yataití Cora, un lugar donde se había efectuado una batalla dos meses antes (11-12/07/1866). Mitre señaló que la paz se establecería en base al tratado de alianza y López contestó que jamás aceptaría las condiciones de este tratado. La reunión duró cinco horas pero no se llegó a ningún acuerdo y los bombardeos de la escuadra brasileña sobre Curupayty, interrumpidos ese día, se reanudaron.

LA DEFENSA PARAGUAYA Y LAS FUERZAS ALIADAS

Trinchera paraguaya en Curupayty. Pintura de Cándido López

“Curupayty es una barranca de arcilla mezclada con arena, llana en su parte superior, cóncava en su descenso, situada en una curva del río Paraguay”, describió el británico George Thompson, quien servía en el ejército paraguayo, a Curupayty.(9)

Si bien Curupayty llevaba varios meses artillado por el lado del río, la defensa se reforzó en los días previos de la batalla, trayéndose cañones pesados de ánima lisa de Humaitá y Asunción. Las cureñas para los cañones se hicieron de la madera de los árboles que iban talando.

En total, se artilló Curupayty con 49 cañones. Habían ocho cañones de 68 libras: cuatro apuntaban al río, dos a tierra y los otros dos al flanco derecho, que podían disparar a tierra y al río; 32 cañones de a 32 libras, cinco cañones de 12 libras y cuatro cañones de 9 libras.(10) Solo los cañones de 9 libras eran rayados, el resto eran de ánima lisa, un poco anticuados para la época. A modo de comparación, indicaremos que el puerto mejor artillado del Pacífico en esa época era el Callao, que contaba con 56 cañones: 46 cañones de 32 libras, un cañón de 68 libras, cuatro Armstrong de 300 libras y cinco Blakely de 500 libras, siendo cañones rayados los Armstrong y Blakely y el resto de ánima lisa.

La escuadra brasileña tenía 101 cañones, algunos de ellos cañones rayados Whitworth, de mayor calibre que los cañones de la defensa paraguaya.

“El foso tenía seis pies profundidad y once de anchura y toda la artillería estaba en posición… La derecha de la trinchera arrancaba del río y la izquierda de la laguna López; y se habían tomado todas las precauciones posibles para que el enemigo no pudiera flanquear la posición por el agua, como había sucedido en Curuzú”.(11)

El ejército paraguayo en Curupayty se componía de 5,000 hombres y estaba al mando del general José Eduvigis Díaz Vera, el militar paraguayo más destacado en la guerra. Cuando inició la guerra, Díaz era sargento mayor y ascendió a teniente coronel y luego a coronel, debido a sus méritos en la guerra.

Mientras en el campo aliado, el ejército brasileño en Curuzú fue reforzado por el 1° y 2° Cuerpo del ejército argentino. Ahí estaban: el 2° Cuerpo del ejército brasileño al mando del barón de Porto Alegre, conformado por 8,080 hombres (3,500 hombres de infantería, 3,900 hombres de caballería y 680 de artillería); seis batallones (unos 2,000 hombres) del 1° Cuerpo del ejército brasileño;(12) el 1° Cuerpo del ejército argentino al mando del general de brigada Wenceslao Paunero, y el 2° Cuerpo del ejército argentino al mando del general de brigada Emilio Mitre, hermano del presidente argentino. En total, los aliados tenían unos 19,000 hombres disponibles para el ataque a Curupayty.
En Tuyutí se quedó el 1° Cuerpo del ejército brasileño, 1,000 argentinos y 800 uruguayos, todos al mando del general Polidoro Jordão. Habían también 3,000 hombres de la caballería aliada (2,500 brasileños y el resto, argentinos y uruguayos) ubicabados en un lugar cercano, en dirección a la izquierda de la defensa paraguaya, al mando del presidente de Uruguay, el general Venancio Flores.

La infantería del ejército aliado estaba armada con rifles en su mayor parte, mientras el ejército paraguayo con los anticuados fusiles de chispa y algunos de fulminante. Los aliados contaban con artillería rayada distribuidos en una batería brasileña y otra argentina, aunque eran piezas ligeras, apropiadas para su transporte por tierra.

El camino entre Curuzú y Curupayty era cortado por varias lagunas y esteros.

Inicialmente, los aliados habían acordado atacar Curupayty el 17 de septiembre, pero ese día, el almirante brasileño Tamandaré suspendió el bombardeo porque se iba a iniciar una lluvia. En efecto, llovió por tres días, por lo que se pospuso el ataque y este recién se efectúo el sábado 22. La demora dio tiempo a que se terminara las trincheras paraguayas, que felizmente recién estuvieron listas el 21 de septiembre.(14)

LA BATALLA

Ataque de la escuadra brasileña a Curupayty. Pintura de Cándido López

La escuadra brasileña, conformada por los blindados Brazil (9 cañones), Barroso (6 cañones), Lima Barros (4 cañones), Bahia (2 cañones) y Tamandaré (4 cañones), 14 cañoneras (73 cañones) y 3 chatas (3 cañones), abrió los fuegos sobre Curupayty a las 8 am.(15)

Un paraguayo sobreviviente de la batalla, Juan Crisostomo Centurión, contó lo siguiente: “A las 12, los encorazados Barroso, Brasil y Tamandaré levaron ancla y siguieron aguas arriba, á fin de barrer la retaguardia de nuestra trinchera; pero debido á la altura de la barranca, aquella no era visible, de suerte que la mayor parte de sus tiros fueron por elevación, excepto unos que otros causaron unas cuantas bajas á nuestra gente.- Una bala de 150 pegó en una pieza de á 68 colocada sobre el río y la dividió en dos desmontándola. Esa misma bala mató al mayor Zayas cuyo cuerpo fue hecho pedazos, y las astillas de la cureña hirieron á todos los artilleros que la guarnecían”.(16)

A las 12:15 pm se inició el avance del ejército aliado sobre las trincheras paraguayas, al mando del general José Eduvigis Díaz. El general Bartolomé Mitre dividió al ejército en cuatro columnas: dos brasileñas y dos argentinas. Por la izquierda, a lo largo de la costa del río, iba una columna brasileña al mando del coronel Augusto Caldas, conformada por seis batallones de infantería y tres cuerpos de caballería a pie (era casi imposible ir a caballo por los esteros y lagunas); por la derecha, una columna argentina al mando del general Emilio Mitre, conformada por cinco batallones, y por el centro iban dos columnas, una brasileña al mando del general Albino de Carvalho, conformada por seis batallones de infantería y tres cuerpos de caballería a pie, y otra argentina al mando del general Paunero, conformado por 12 batallones.(17) La columna del general Mitre estaba apoyada por una batería de 12 cañones y las columnas brasileñas contaban con dos obuses, ocho cañones rayados y cuatro coheteras a la Congrève.(18)

“Enviaron también dos batallones al Chaco, frente á las baterías para enfilar la trinchera. Los aliados sostuvieron un nutrido fuego de mosquetera con sus rifles, desde que se pusieron á tiro, pero sólo consiguieron matar ó herir algunos pocos artilleros porque la infantería paraguaya permanecía oculta tras de los parapetos”.(19)

Desde el inicio de la batalla, los aliados fueron blanco fácil para los artilleros paraguayos, quienes disparaban bombas, balas esféricas sólidas y metralla, que eran tarros cuyo interior estaba lleno de balitas de plomo o balines, que cuando estallaban, herían a todos a su alrededor.

“Un alarido salvaje de entusiasmo contesta á los primeros estragos, y se arrojan las bravas tropas aliadas al asalto, llegando bastante bien á la trinchera de vanguardia que se había improvisado para proteger los trabajos de la línea principal y que como ya se dijo, estaba abandonada; pero de allí en adelante las bombas, balas rasas y metrallas que vomitaban sin cesar los cañones de nuestra posición, abrían sendos claros en sus columnas, cayendo al suelo por compañías enteras como juguetes de plomo; se veían saltar por los aires en revuelta confusión, hombres hechos pedazos, armas, faginas y escaleras de que iban provistas para el asalto, y telones de charcos de agua mezclada de sangre que hacían levantar los proyectiles como trombas á grandes alturas. Sin embargo, continuaban su marcha las columnas hasta llegar destrozadas cerca de nuestra trinchera principal, que parecía advertirles: habéis llegado al término á donde podeis llegar, de aquí no pasareis. Allí caían al borde del foso y algunos dentro de éste, víctimas de los fuegos cruzados de nuestros cañones y las descargas certeras de los fusiles de chispa de la infantería colocada trás de los parapetos”, contó el paraguayo Centurión.

Los aliados concentraron su ataque sobre el centro, adonde mandaron la reserva y lanzaron al final 24 batallones, pero al final el general Mitre y el barón de Porto Alegre decidieron replegarse. La retirada demoró más de dos horas, pues se recogieron a los heridos.

“Pasada las cinco de la tarde y recogidos todos nuestros heridos ordené el movimiento en retirada por escalones, salvando nuevamente y con muy poca pérdida las baterías del flanco del enemigo regresando antes del anochecer a ocupar nuestras anteriores posiciones en Curuzú, donde permanecemos hasta la fecha”, señaló el general Bartolomé Mitre en su parte oficial.(21)

El general Emilio Mitre manifestó en su parte oficial que “los tres batallones de este segundo cuerpo que cargaron sobre la trinchera, sólo ha quedado en actitud de combatir una tercera parte de cada uno de ellos para probar el denuedo y la bravura de que se hallaban animados y dieron sangrientas pruebas. Cuando a las tres de la tarde próximamente ordeno V.E. la retirada, estos tres bizarros cuerpos se retiraron en el mayor orden posible, a pesar de estar ya muertos o heridos sus jefes y oficiales…. Permanecimos cerca de dos horas y media después del asalto al frente de la línea fortificada de Curupayty, sin que durante este tiempo ni al emprender nuestra retirada, nos haya hostilizado ninguna fuerza enemiga”.(22)

Cuando la batalla casi había terminado, llegó como refuerzo a la línea paraguaya el batallón 12, enviado desde el cuartel general en Paso Pucú. Se les dio la orden de salir de las traincheras y recogieron seis mil armas entre fusiles, entre los que habían 3,000 rifles de Lieja y carabinas Minié, espadas, un porta-estandarte de la Legión militar argentina, una bandera de un regimiento brasileño, cajas de guerra, cornetas y varios instrumentos de banda militar.(23) De acuerdo a Thompson, los soldados del batallón 12 masacraron a los heridos:

“Les preguntaban si podían caminar y los que contestaban que n eran asesinados inmediatamente. Apenas había uno que otro que pudiera andar, pues los que podían hacerlo se habían retirado adentro de sus líneas. Interrogado un teniente Quinteros que tenía la rodilla rota si podía caminar, respondió que no; entonces el soldado comenzó á cargar el fusil para matarlo, pero el oficial logró arrastrarse como pudo y se salvó.

Apenas se tomaron una media docena de prisioneros; pues los demás fueron muertos. Fueron tomados dos paraguayos de la Uruguayana (24) y el general Díaz los colgó de unos árboles bajo su propia responsabilidad. Uno de ellos tardó mucho en morir, y rogó á Díaz lo hiciera matar porque sufría atrozmente. Díaz contestó, que eso justamente lo que él deseaba”.(25)

Lo más impresionante de la batalla fue el duelo de artillería entre la escuadra brasileña y las baterías paraguayas. Según el cálculo de Thompson, los buques brasileños dispararon cinco mil cañonazos y los paraguayos dispararon unos siete mil cañonazos,(26) un total de 12 mil cañonazos en un solo día, el mayor número de cañonazos que he visto en una batalla Latinoamericana.(27)

Plano de la batalla de Curupayty (hace click para agrandar)

Los aliados sufrieron grandes pérdidas. De acuerdo a los partes oficiales que he revisado, los argentinos tuvieron 588 muertos (31 oficiales y 557 de tropa), 1,162 heridos (108 oficiales y 1,054 de tropa), 177 contusos (21 oficiales y 153 de tropa) y 155 dispersos; el 2° Cuerpo del ejército brasileño tuvo 408 muertos (48 oficiales y 360 de tropa), 1,543 heridos (153 oficiales y 1,390 de tropa) y 211 dispersos, mientras los batallones brasileños del Chaco tuvieron tres muertos y 12 heridos y la escuadra brasileña tuvo un marino muerto, 31 heridos (un oficial y 30 marineros) y cuatro perdidos. El total de las bajas aliadas oficiales fueron de 4,295 hombres: 1,000 muertos, 2,748 heridos, 177 contusos y 370 dispersos o extraviados.(23) Cabe mencionar que muchos de los heridos fallecían debido a la difícil situación sanitaria de la época.

Las bajas paraguayas fueron poquísimas en comparación a las aliadas. No pasó de 54 muertos y heridos según Thompson (29) o 92 hombres entre muertos y heridos según Centurión, quien agrega que la mayor cantidad de bajas fue ocasionada por los disparos del batallón brasileño 16 de voluntarios ubicado en el Chaco.(30)

El presidente paraguayo, el mariscal López, observó la batalla desde su cuartel en Paso Pucú. En la noche, Díaz se presentó en la casa de López y celebraron el triunfo. Mientras el ejército argentino se embarcó en Curuzú, quedando solo el ejército brasileño en aquel lugar.

CONSECUENCIAS DE LA BATALLA

La principal consecuencia de la batalla fue que la guerra entró en suspensión, casi una tregua informal. La suspensión duró 14 meses, cuando se realizó un nuevo ataque paraguayo. Los aliados no realizaron una nueva ofensiva hasta febrero del año 1868, cuando reanudaron sus planes de tomar Humaitá y Asunción.

Las noticias de la batalla causaron mal efecto en Buenos Aires. El diplomático norteamericano Charles Ames Washburn, quien estaba en la ciudad porteña, escribió: “Por primera vez en la guerra, en la cual muchas derrotas han ocurrido así como muchos triunfos se han logrado, los periódicos de esta ciudad hablan del ataque a Curupayty como el más desastroso repudio… cuando las primeras noticias llegaron acá, la gente desalentada hablaba de paz, pero tales ideas parece que se fueron y ahora solo hablan de más hombres y medios para la guerra…. Los tres países comenzaron una alianza en la cual Paraguay era considerado como un país ya conquistado y la división del botín fue el principal objetivo del tratado. Retirarse ahora, bajo el oprobio de la derrota, no solo será la señal para el derrocamiento del partido en el poder acá y la usurpación del partido de Flores en Uruguay, sino también se cree que pondría en peligro el trono de Brasil. Por lo tanto, hay una fuerte probabilidad de que la guerra durará, por lo menos, doce meses más”.(31) Ahora sabemos que la guerra duró 42 meses más.

NOTAS

(1) George Thompson. 1910. La Guerra del Paraguay, traducida por Diego Lewis y Angel Estrada, anotada y aumentada con un Apendice en que se refutan algunas apreciaciones del autor, Tomo I, p. 156. Buenos Aires, Talleres Gráficos de L. J. Rosso y Cía.

(2) Ibíd., p. 159.

(3) Louis Schneider. 1902. A Guerra da Triplice Alliança contra o governo da republica do Paraguay, traduzido do allemão por Manoel Thomaz Alves Nogueira annotado por J. M. Da Silva Paranhos, Tomo I, p. 72. Rio de Janeiro, H. Garnier – Livreiro-Editor.

(4) En esa época, se llamaba torpedo a cualquier artefacto marino explosivo, no existían los torpedos móviles que hoy conocemos. Ahora llamaríamos mina submarina al artefacto que hundió al Rio de Janeiro.

(5) Thompson, Ob. Cit., p. 180. Nota a pie de página.

(6) Ibíd., p. 174.

(7) Ibídem.

(8) Carlos M. Urien. 1921. Curupayty. Homenaje a la Memoria del teniente general Bartolomé Mitre en el Primer Centenario de su Nacimiento, p. 34. Buenos Aires.

(9) Thompson, Ob. Cit., p. 154.

(10) Ibíd., p. 178.

(11) Ibídem.

(12) Schneider, Ob. Cit., pp. 94-95.

(13) Urien, Ob. Cit., 208-212. Carta de Oscar Durañona al Carlos M. Urien.

(14) Thompson, O.b Cit., p. 178.

(15) Schneider, Ob. Cit., p. 109. Notas de J. M. Da Silva Paranhos.

(16) Juan Crisóstomo Centurión. 1894. Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay. Tomo II, p. 271. Buenos Aires, Imprenta de Obras de J. A. Berra, Bolívar 455.

(17) Schneider, Ob. Cit., pp. 105-106. Notas de J. M. Da Silva Paranhos.

(18) Centurión, Ob. Cit., p. 274.

(19) Thompson, O.b Cit., p. 180.

(20) Centurión, Ob. Cit., pp. 274-275.

(21) Urien, Ob. Cit., 213-217. Parte oficial de Bartolomé Mitre al ministro interino de Guerra, Cuartel General, Curuzú, Septiembre 24 de 1866.

(22) Urien, Ob. Cit., 222-225. Parte oficial de Emilio Mitre al General en Jefe de los ejércitos aliados, Campamento en Curuzú, Septiembre 27 de 1866.

(23) Centurión, Ob. Cit., p. 279.

(24) Capitulación paraguaya de 1865.

(25) Thompson, Ob. Cit., pp. 182-184.

(26) Ibíd., p. 185.

(27) A modo de comparación, en el combate del Callao del 2 de mayo de 1866, entre la escuadra española y los fuertes del puerto, hubieron unos ocho mil cañonazos y hasta ahora, es el mayor combate de artillería del Pacífico.

(28) Schneider, Ob. Cit., pp. 375; 389. Apéndice.

(29) Thompson, p. 182.

(30) Centurión, p. 279.

(31) United States Department of State. 1867. Executive documents printed by order of the House of Representatives, during the second session of the thirty-ninth Congress, 1866-'67

Vol. II, pp. 609-610. Washington, U.S. Government Printing Office.

Las pinturas de Cándido López fueron tomadas de la página web paraguayhistorica.com/?p=82

Los planos fueron tomados de la página web 


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